1 DE OCTUBRE 2019

Algo debe de tener el primero de octubre para que, en España, por una cosa u otra, sea fecha señalada desde hace casi un siglo. En el régimen anterior se celebraba el nombramiento de Franco Jefe de Estado en tal fecha en 1936, es decir, recién iniciada la guerra civil, por parte de los altos mandos militares, reunidos en el aeropuerto de Salamanca para unificar sus fuerzas.

Aunque el nombramiento no era exactamente ése, sino el de «Jefe del gobierno del Estado», pero en el camino hasta Burgos, donde estaba ese mando, se perdió lo de «gobierno» y como en aquellos momentos todo estaba muy revuelto en un bando y otro, se quedó en Jefe de Estado hasta su muerte.

A los chavales de entonces no nos importaba mucho, lo que nos importaba era que no había clase ese día, lo que celebrábamos, e imagino que a los que se jugaban la vida en el frente, conservarla era lo más importante. El caso, como digo, fue que la fecha se quedó de rojo en los calendarios, sólo en ellos.

Algo muy distinto celebran los independentistas catalanes. De hecho, deberían conmemorar una derrota: la de la república catalana que su Parlament declaró hace dos años y tan escasa vida tuvo, pues, tras votar la Cámara, Puigdemont, temiendo las consecuencias, firmó sigilosamente la derogación de la recién nacida república.

De poco le sirvió, como estamos viendo, ya que tuvo que exilarse para evitar ingresar en una celda como buena parte de sus compañeros de aventura o desventura, en espera de la sentencia del juicio a que han sido sometidos. O sea, que celebrar, lo justo.

Pero el nacionalismo, el catalán sobre todo, vive más de ilusiones que de realidades, y pensaban conmemorarlo por todo lo alto, con cohetería abundante e incluso toma del Parlament. para demostrar que no cejan en su empeño, algo que no han cesado de repetir a lo largo de toda esta jornada.

Pero el chasco ha debido de ser tremendo. En realidad, ha sido un desesperado intento de disimular su derrota, porque la Guardia Civil abortó su nuevo golpe, nada de extraño que uno de sus primeros objetivos sea echarla de Cataluña, lo que es el mejor argumento para que siga allí y no continúen cometiendo barbaridades.

Quienes deberíamos celebrarlo somos el resto de los españoles, los que queremos que España no se rompa, y en este sentido, ha habido alguna buena noticia. La primera, que la república catalana sigue siendo una entelequia.

La segunda, que si la sublevación fracasó, su segundo aniversario se saldó con las algaradas de costumbre, sin mayores daños, profundas grietas en el frente nacionalista como quedaron de manifiesto con la dimisión del director de los mossos y el mayor partido, ER, celebrando por separado los actos conmemorativos.

La tercera, que Pedro Sánchez ha tomado como lema de campaña «Ahora España» y advierte que está dispuesto a usar el 155 si las circunstancias lo requieren. Como les ha dicho más de una vez, este hombre es capaz de pactar con Vox con tal de seguir durmiendo en el colchón de La Moncloa. El problema es si, una vez elegido, lo cumple.

José Maria Carrascal ( ABC )