10-N

La política es escenificación para un público -un público no que paga sino que compra-: tanto el desentierro de Franco y su traslado en helicóptero como las llamadas telefónicas «de collons» de Torra a Sánchez en cámara oculta, la camiseta con corazón tres veces «partío» de Rivera o la barba subliminal de CasadoAbascal e Iglesias son puro ruido y furia shakespearianos sobre el escenario en cuanto abren la boca.

Esta vez Junqueras no podrá actuar desde el plató carcelario, pero Puigdemont sí desde Bélgica, en efigie. El PNV y Bildu hace tiempo que no actúan: sólo recogen las nueces de funciones anteriores.

Cuando se haga caja, la noche del 10-N, caerá sin duda un veredicto: pero esta vez no sólo sobre los actores de la función, como suele ocurrir: se juzgará también a un tribunal y una sentencia. Separación de papeles pero misma función.

Tadeu ( El Mundo )