100 DÍAS DE ALARMA: UNA ANOMALÍA DEMOCRÁTICA PARA ENTRONIZAR A SÁNCHEZ

España regresa hoy a la normalidad institucional después de 100 días con el estado de alarma en vigor. La perpetuación de este instrumento, que acarreó el confinamiento de la población y la hibernación de la producción y el consumo, es la consecuencia de la negligencia del Ejecutivo a la hora de afrontar la pandemia.

 Pedro Sánchez ha aprovechado esta anomalía democrática para entronizar su poder presidencial, restringir libertades básicas como la de circulación, escapar de la fiscalización parlamentaria -a la que solo aceptó someterse después de que se lo exigiera la oposición- e instalarse en una deriva iliberal de corte cesarista.

De otra forma no puede calificarse el permanente intento de instrumentalizar las instituciones del Estado, extremo que se ha agravado bajo el subterfugio de la lucha contra el coronavirus. Sánchez ha concentrado más poderes que cualquiera de sus antecesores y ha impuesto una hipertrofia normativa, con más de 3.000 páginas de legislación publicadas en el BOE.

Prueba del intervencionismo gubernamental es la aplicación de la Ley Mordaza, que PSOE y Podemos habían prometido derogar, o el hecho de convertir la lucha contra los bulos en una cuestión de Estado, hasta el punto que el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil reconoció en la sala de prensa de La Moncloa que el cuerpo estaba monitorizando las redes sociales para «minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno».

Las seis prórrogas del estado de alarma, que el Gobierno sacó adelante primero con el generoso apoyo del PP y después tras numerosas cesiones a sus socios separatistas -incluido un pacto vergonzoso con Bildu- es la constatación de la debilidad y la imprevisión del Ejecutivo.

Tal como revelamos hoy, La Moncloa despreció los informes diarios elaborados desde enero en los que el Departamento de Seguridad Nacional advertía de la gravedad del nuevo virus. El Gobierno desoyó las alertas de la OMS, minusvaloró el riesgo del Covid-19 y no activó sistemas de detección precoz. A ello se suma la temeridad de autorizar aglomeraciones como la marcha del 8-M, anteponiendo la ideología a la gestión.

A lo largo de estos cien días ha quedado probada la insolvencia del Ejecutivo, la inoperancia del mando únicoy la calamidad del sistema de vigilancia epidemiológica, cuyo director, Fernando Simón, debe dimitir o ser cesado, al igual que Salvador Illa.

España es el país con mayor mortalidad por cada millón de habitantes y el que tiene más sanitarios infectados. EL MUNDO publicó la fotografía de los féretros en el Palacio de Hielo de Madrid, una imagen que radiografía el intento de ocultar a miles de fallecidos.

A pesar de su caótica gestión, Sánchez ha soslayado la autocrítica, se ha refugiado en una retórica bélica con interminables comparecencias televisivas y, aprovechando la desescalada, está alimentando un triunfalismo que no se compadece con los efectos sociales y económicos de la crisis.

Ayer pidió «unidad» al PP. La apelación a alcanzar acuerdos de Estado es pertinente, pero no pasará de ser un ejercicio de hipocresía mientras el frente socialcomunista no abandone una hoja de ruta que, de la mano de populistas y secesionistas, persigue arrumbar el marco constitucional y la Monarquía en la que descansa la democracia de 1978.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor