POR UN 155 DE CONSENSO Y EFICAZ

El texto del comunicado pactado ayer por el presidente del Gobierno y el líder de la oposición es más que una buena noticia: era una necesidad. Porque «la defensa del orden constitucional en España y ante los socios europeos» se vuelve imperiosa frente al relanzamiento del golpe prometido por el nuevo president de la Generalitat en su investidura. La sintonía entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez -Moncloa y Ferraz incluso hicieron público el comunicado al mismo tiempo- ante el principal desafío que amenaza a la democracia española refuerza la posición constitucionalista en el momento preciso: cabe felicitarse de que ambos líderes hayan dejado atrás sus sonadas diferencias cuando lo que está en juego es «la concordia civil, la legalidad vigente, la Constitución, la soberanía nacional y la unidad de España».

Sin embargo, lo deseable habría sido una reunión a tres que incluyera a Albert Rivera. Al priorizar al PSOE, Rajoy ha querido marcar distancias con Ciudadanos por sus discrepancias respecto del alcance del 155, que los líderes de PP y PSOE achacan a la «ansiedad» de Rivera. Pero Cs lidera en Cataluña la alternativa al supremacismo hoy en el poder. El presidente hará bien en atender sus propuestas el jueves, porque al constitucionalismo debe guiarlo ahora un único objetivo: la eficacia. La unidad es básica, pero no deja de ser el medio para alcanzar el fin para el que se concibió el 155: el restablecimiento de la plena legalidad en una autonomía instalada en la insumisión y la frontalidad.

Ese objetivo -a la vista está- no se ha conseguido en su primera aplicación, y si las decisiones de Torra obligan a ello, habrá que velar esta vez para que los resultados sean satisfactorios; es decir, constitucionales. Por ejemplo, en lo que respecta a la vigilancia de las cuentas de la Generalitat, que según el juez Llarena no fue lo suficientemente estrecha como para evitar la malversación.

Los españoles están alarmados por la llegada al poder de un racista acreditado. Que, tras peregrinar a Berlín para rendir pleitesía a Puigdemont -en su afán por internacionalizar su causa ambos concedieron una rueda de prensa atestada de posverdad victimista-, se propone redoblar el órdago al Estado creando estructuras de república, ignorando el Estatuto y las sentencias judiciales y aplastando la representación de la mitad del pueblo. Del acuerdo entre Rajoy y Sánchez se desprende que una eventual reactivación del 155 ya no quedaría acotada a una convocatoria electoral, limitación que ya criticamos en su día.

 La experiencia ha demostrado que la deslealtad secesionista exige una intervención más profunda y duradera, hasta tanto los dirigentes nacionalistas no asuman el fracaso de su proyecto de segregación unilateral, reconozcan el marco autonómico y recuperen su autogobierno para gestionar las políticas públicas y no para perseguir utopías que causaron la ruina en el siglo XX.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor