17 MINISTROS IRRELEVANTES

Llegaron hace casi seis meses al poder y parecía que iban a comerse el mundo. Los 17 ministros de Sánchez eran muy conscientes de las dificultades del Ejecutivo en el que entraban, pero estaban convencidos de que podrían demostrar que España se podía gobernar de otra manera y con otras políticas.

Hoy, el balance de su gestión es una incontestable irrelevancia. Ninguno tiene proyección política propia, ni ha presentado ningún gran plan de reforma que convenza de lo mucho que puede cambiar España con un Gobierno progresista. La sensación de interinidad, fruto de un Gobierno constituido sobre 84 diputados, puede en el día a día de un Ejecutivo que necesita negociarlo absolutamente todo.

Los datos están ahí. Trece de los 17 ministros de Sánchez son unos perfectos desconocidos para los ciudadanos, y con ellos su labor, según el último CIS. Siete de cada diez españoles no saben quiénes son los responsables de carteras tan importantes como Economía, Trabajo, Sanidad, Hacienda, Industria o la misma portavoz del Gobierno. Tampoco son capaces de decir quién decide las políticas de Cultura, Agricultura, o Transición Ecológica.

Uno de cada seis no conoce al ministro de Fomento ni a sus homólogas en Política Territorial y Justicia -y mire que ésta se ha vuelto célebre por las grabaciones de Villarejo-. Incluso la vicepresidenta no ha logrado llegar ni siquiera a la mitad de la población. La mayoría de los ciudadanos solo atina a acertar los ministros de Exteriores, Interior y Ciencia, pero no por su labor en el Gobierno, sino por su pasado antes de llegar él. El equipo del presidente no llega hasta los españoles.

Esta irrelevancia cae a plomo sobre los hombros de Sánchez. Al no existir ninguna otra figura que destaque dentro del Ejecutivo -y cuando alguna lo hace, es por una polémica-, el líder acapara los focos y encaja el desgaste por las decisiones propias y por las polémicas de todo el Gobierno. Es posible que las canas que exhibe desde el final del verano sean una simple maniobra de imagen, pero da la sensación de que aumentan cada mes. No va a ser tan fácil que agote la legislatura.

No por falta de voluntad, sino por pura estrategia. Sánchez convocará elecciones cuando más le convenga, y ello implica sopesar cuál es el peor momento para los demás. El Gobierno se está dando cuenta de que aunque todos sus rivales piden comicios a gritos, a ninguno le interesa que se convoquen en breve. El PP ha renovado su liderazgo, pero a Pablo Casado aún le conocen muy poco los españoles.

Ciudadanos sigue sin recuperar las posibilidades de ganar La Moncloa. Y Podemos se ha resignado a no competir por el Gobierno, sino por la ideología de izquierda. Si los independentistas se niegan a aprobar el Presupuesto, ¿Sánchez va seguir dejándose caer por el desfiladero del desgaste? Hay quien en el PSOE cree que el 26 de mayo los comicios pueden ser municipales, autonómicos, europeos… y también generales.

Ana I. Sánchez ( ABC )