2020

Me encanta la gente guapa, y no me refiero a los bonitos de cara, sino a los que reflejan en sus rostros nobleza de carácter y una cierta limpieza de alma.  En cambio los que andan todo el día cabreados, buscando fantasmas fascistas por doquier cuando en realidad los tienen muy cerca porque están hablando con ellos para pactar el gobierno, viven en un sin vivir sospechando hasta de los suyos porque temen que alguien les traicione y frustre la investidura de la  patulea.

No sé por qué sufren tanto si ya está todo hecho, hasta la foto del acuerdo en la que no estuvieron ausentes ni los más macarras de una de las dos facciones, y es que la desconfianza es muy mala cuando los que pactan se conocen tan bien que  no duermen por la noche teniendo la puñalada trapera del socio preferente.

Pero eso no ocurrirá porque el único objetivo  que persiguen es la permanencia en el poder con el fin de inaugurar en la Europa decadente el primer gobierno que fundamenta su estabilidad en la debilitamiento de las libertades y el reparto de competencias intransferibles entre quienes quieren regresar a los reinos de taifas.

Como todo esto es un lío difícilmente digerible por la gente intelectualmente honesta,  y a Pedro Sánchez se le han acabado las mentiras, el doctor sin laude en funciones guarda silencio, no da ruedas de prensa y  cuando no tiene más remedio que comparecer acepta solo dos preguntas, a la espera de que su asesor le fabrica otra batería de falsedades.

La  ventaja que le asiste es que un número significativo de  ciudadanos son más aficionados a la propaganda que a la información, y contrariamente a lo que proclamó Thomas Jefferson cuando dijo “Prefiero prensa sin gobierno que gobierno sin prensa”,  han decidido sustituir las noticias y los artículos de opinión por las mentiras disfrazadas de realidad que amontonan en twitter los propagandistas que dicen ser periodistas.

A algunos se les va a secar el seso – del que lleva equis no hablo pero advierto que la gente que está todo el día de mala leche es muy difícil que tenga una erección – y digo eso porque han sustituido la función de pensar por la de repetir las consignas que les viene de fábrica y que han asumido como doctrina oficial de la secta.

No es poca la responsabilidad que nos incumbe a quienes desde una u otra plataforma expresamos nuestra opinión sobre lo que sucede en nuestro país.

Para mí todas opiniones tienen cabida en un sistema que respeta la libertad de expresión, porque quienes las juzgan son los lectores,  aunque no estaría de más reconocer que  el oficio del periodismo español en estos tiempos está dejando demasiados pelos en la gatera de la honorabilidad, porque   como también dijo Jefferson la verdad misma se vuelve sospechosa en un tabloide manipulador y en un oficio contaminado.

Diego Armario