21-D: ES HORA DE HACER MEMORIA

Toca a su fin la campaña más delirante de las elecciones más serias. Toda campaña es una escenificación, y no es la primera vez que lo grotesco y lo dramático se dan la mano sobre las tablas de un teatro: esa originalidad corresponde a Valle-Inclán. Pero habrá que recordar este 2017 como el año en que el esperpento cuajó su mejor imitación de la vida. El año en que concurrieron como cabeza de lista un preso por rebelión y un fugado por cobardía. El año en que una comunidad próspera asistió a una huida de empresas y capitales que no comportó una huida correlativa del voto a alternativas sin responsabilidad en la quiebra de la seguridad jurídica.

El año en que el populismo sufrió el castigo de sus votantes, confundidos por su complicidad nacionalista. El año en que un socialista de elástica cintura quiso pescar en caladeros democristianos y comunistas, a la vez que proponía soluciones vascas e imploraba indultos antijurídicos. El año en que un partido no nacionalista creció hasta liderar la intención de voto en el CIS. Y el año en que el partido del Gobierno no fue capaz de capitalizar la decisión de ejercer por fin su propia autoridad.

Ha sido el año de la ruptura unilateral y también de la reacción fraterna. Del silenciamiento de la oposición y del grito que estrenó en la calle la mayoría silenciosa o silenciada. De la traición de algunos mandos policiales y de la abnegación de otros muchos alojados en un barco de dibujos animados. Del cinismo de élite retratado en una agenda y de la fe ciega de los consumidores de su averiada mercancía. De la metamorfosis del partido burgués en movimiento insurreccional y de la epifanía mística de un republicano de izquierdas.

Del fracaso de la inmersión lingüística acreditado no ya por el adoctrinamiento sino por la incapacidad de comunicarse en un castellano inteligible. De la propuesta de un diputado jornalero de canjearse por un preso y del entierro de Montesquieu a cuenta de toda una vicepresidenta. De la posverdad tuitera y del hackeo ruso. De los falsos heridos del 1 de octubre y del asesinato real de Víctor Laínez. De los medios subvencionados y de las embajadas cerradas.

De niños usados como escudos y de iconos antifranquistas calumniados como franquistas. De un choque de trenes planeado por maquinistas de la desconexión y del deseo de conectarse de los extremeños sin tren. De la política real inventada para convivir y de la política simbólica diseñada para segregar. Del secuestro absoluto del debate público. De la muerte de la responsabilidad y de la vigencia del periodismo. De la vergüenza y del honor.

Y ha sido, en fin, el año en que los españoles se esperanzaron con el fin del chantaje nacionalista. En que colgaron de sus balcones una bandera que hace mucho que sólo simboliza democracia, afán de vivir juntos los distintos, libres e iguales, sin agresiones supremacistas ni pleitesías medievales. Hoy toca reflexión. Mañana, memoria.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor