La investigación judicial del caso Tándem ha permitido concluir a la Audiencia Nacional que el excomisario José Manuel Villarejo amasó una fortuna de al menos 23,5 millones de euros entre 2004 y 2016, por sus ‘proyectos de investigación’ como policía en activo.

De momento, y a la espera de que pueda ser juzgado, quien debe dar explicaciones sobre esa fortuna, y sobre el modo chantajista con el que la obtuvo, es él. Su estrategia de incriminar a todo el mundo a su alrededor porque todos -empresarios, financieros, políticos, jueces, fiscales…- son corruptos, menos él, choca con la realidad: es el único que parece haberse lucrado con la compraventa de la información confidencial que lograba gracias a sus contactos, a su condición de policía y a su carencia de escrúpulos.

Será la justicia quien decida si obtuvo ese dinero de manera legal o ilegal, pero de momento quien ha usado en su beneficio los sótanos del Estado es él, que se autodefine como ‘patriota’ mientras amenaza la estabilidad del Estado.

Lo insólito es que la justicia se haya visto forzada a excarcelarle por mostrarse incapaz de juzgarlo en cuatro años.

ABC