Lejos de arreglar el estropicio que supone la «ley Celaá», que será conocida como la Lomloe, las enmiendas que han presentado los socios de la ministra de Educación van a empeorarla de manera sustantiva.

Quiere Podemos, por ejemplo, que por ley se prohíba repetir curso de tal forma que en Primaria haga lo que haga el alumno, se esfuerce lo que se esfuerce, le aproveche lo que le aproveche el trabajo del profesor, el chavalín (o la chavalina, que si no llueven ahora los micromachismos) pase de curso.

Visto lo visto, al año siguiente puede que el alumno emplee el mismo esfuerzo, «total me van a pasar de curso», de tal manera que lo que terminará desapareciendo es el concepto mismo de suspenso, que debe ser lo próximo que los podemitas piensan prohibir para no traumatizar al chavalín (o chavalina).

Peor suerte puede correr la libertad si, como sugiere Podemos en sus enmiendas, se liquida la del derecho de los padres a elegir el centro donde se eduquen sus hijos, que pese a estar recogido en la Constitución seguramente quedará sometido a un laberinto administrativo que al final te escolarizará al chavalín (o chavalina) donde quiera un funcionario.

Y usted a callar, que pase el siguiente. Con la elección concertada pendiente de un hilo, asfixiada ya en el texto original de la ministra socialista, esta puede ser la puntilla para tomar el control operativo de la educación en España.

También resulta muy inquietante el contenido de las enmiendas propuestas por los socios parlamentarios de Sánchez, esa cuadrilla del arte de la moderación, grandes defensores de la unidad de España, de los que depende que él siga en La Moncloa: menos presencia del Estado en las enseñanzas mínimas, eliminación del castellano en las aulas del País Vasco y que ni tan siquiera aparezca en ellas la palabra Constitución, mucho menos que se estudie, «¡quita bicho!».

Y muchísima memoria democrática calvinista (de Carmen Calvo), hasta en el recreo si hace falta. El laboratorio social se completa exigiendo la misma proporción de chavales y chavalas en las diferentes ramas del estudio, de tal manera que el Estado determinará si puedes o no estudiar ciencias o humanidades con el fin de conseguir «una presencia equilibrada de ambos sexos».

Y como los hijos no son de los padres -como dijo Celaá-, usted a callar.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor