A CARA O CRUZ

Supongamos que todo lo que se nos ha dicho es verdad; que no estamos ante un cambalache acordado bajo cuerda el jueves para que fuera el Gobierno quien convocara elecciones en Cataluña, salvando así la cara a Puigdemont, a cambio de tranquilidad en las calles. Supongamos que realmente se ha activado el artículo 155, por más que la televisión altavoz del secesionismo siga emitiendo propaganda falsaria, la enseñanza adoctrinadora permanezca inalterada y 48 horas después de proclamarse la «república catalana» no se haya producido ni una sola detención. Supongamos que Méndez de Vigo nunca dijo que el Ejecutivo «vería con agrado» la concurrencia del jefe de los golpistas a los comicios del 21 de diciembre. Incluso en ese supuesto, estaríamos jugándonos España a cara o cruz.

Si sale cara, tal como parecen pensar los impulsores de esta convocatoria a toda prisa, la suma de los escaños que obtengan Cds, PP y PSC se impone a los conseguidos por las fuerzas del golpismo. Pensar que vayan a boicotear las urnas colocadas por el Estado español, en coherencia con su autoproclamada «república», es confundir nuestros deseos con la cruda realidad, tal como dejaba entrever ayer mismo el líder de ERC. Ellos se presentarán, con el viento victimista a su favor, empleando toda su maquinaria propagandística para convertir las autonómicas en unas constituyentes.

Lejos de renunciar a dar batalla, utilizarán el 155 como principal argumento de campaña, llamando a sus bases a defender «la patria ocupada» con una participación masiva. Y dado que ese 155 timorato les proporciona abundante munición para el lamento sin otorgar a la otra parte ventajas significativas, lo convertirán en un bumerán llamado a volverse contra quien lo lanzó. Lo cual podría situarnos en la cruz.

Si sale cruz, quien se alza con la victoria es Junqueras o el hombre/mujer de paja que lo sustituya al frente de la candidatura. Dado que la Fiscalía anuncia querellas por sedición contra él, la mesa del «parlament» y Puigdemont, no pierdo la esperanza de verlos en prisión preventiva antes del 21-D. Lo cual no solo no impediría un eventual triunfo de la izquierda republicana golpista, sino que serviría de acicate para una movilización masiva del voto independentista. Las encuestas de Arriola pronostican que en esta ocasión la abstención castigaría a ese campo en beneficio del constitucionalismo, pero la capacidad profética del sociólogo «genovés» resulta tan fiable como una escopeta de feria. El electorado es voluble, máxime en una situación tan volátil como la presente. Y en las actuales circunstancias una victoria del separatismo constituiría para ellos un aval legitimador que dejaría nuestra causa herida de muerte.

Salga cara o sala cruz es altamente improbable que uno de los dos bloques alcance la mayoría absoluta, lo que nos remite a Podemos como árbitro de la partida. ¿Hacia dónde inclinarían el pulgar Fachín, Colau e Iglesias? Si nos atenemos a su discurso actual, exigirán un referéndum pactado cuya mera celebración supondría la liquidación del principio de soberanía. Tal vez saliéramos con bien del trance y se impusiera el «no», pero ellos, los partidarios de la ruptura, habrían dado un nuevo paso decisivo y nosotros perdido una posición irrenunciable. ¿Era necesario incurrir en un riesgo semejante con tal de diluir la responsabilidad inherente a preservar la unidad nacional consagrada en la Carta Magna? ¿Tanto miedo les daba administrar un 155 eficaz?

Isabel San Sebatián ( ABC )
viñeta de Linda Galmor