¿ A DONDE VA EL CANDIDATO SÁNCHEZ ?

La conversación mantenida ayer entre Pedro Sánchez y Quim Torra revela mucho más de lo que invitaría a pensar su cuarto de hora de duración. Revela fundamentalmente una bochornosa rendición.

Después de considerar a Torra el «Le Pen español» y compartir con Rajoy y Cs la aplicación del 155; después de haber planteado una campaña electoral crítica con el independentismo para tratar -infructuosamente, pues los electores no creyeron en la máscara- de ganar votos por el centro; después de denunciar que el efecto perverso del desafío separatista en Cataluña es efectivamente la crisis de la convivencia en la propia autonomía catalana; después de todo eso, y por la única razón de su precariedad parlamentaria y su ambición de poder a cualquier precio, el candidato Sánchez se desdice una vez más de todas sus promesas y acepta el marco mental de la peor versión del separatismo.

Aquella que encarna Torra, autor de textos inequívocamente supremacistas, responsable de la cobertura institucional de los violentos que incendiaron Barcelona y partidario declarado de la reincidencia en el ataque a la Constitución y al Estado. Con este Torra, a quien en campaña se negaba a descolgar el teléfono, acaba de apalabrar el presidente en funciones una reunión que retome aquella infame hoja de ruta acordada en Pedralbes hace un año cuyas consecuencias terminaron provocando el adelanto electoral.

Sánchez ha intentado diluir su claudicación ante Torra improvisando una ronda de contactos con el resto de presidentes autonómicos. No engaña a nadie. Se advierte enseguida el ardid para camuflar su sumisión a la exigencia de ERC de conceder al presidente de la Generalitat un estatus de interlocutor privilegiado. Por eso se ha comprometido con él a reunirse «lo antes posible» para resolver «el conflicto político» en Cataluña.

Debido a la descarada falta de transparencia con que el PSOE está desarrollando las negociaciones, no sabemos el precio exacto que Sánchez está dispuesto a pagar con tal de ser investido de una vez tras cuatro votaciones fracasadas. Lo que sí podemos tasar ya es el coste que su entreguismo a ERC y Torra tiene sobre la imagen exterior de España.

A buen seguro el secesionismo usará la negociación con Sánchez para blanquearse ante el mundo y deshacer todo el trabajo diplomático realizado en la etapa de Josep Borrell, que ha trabajado para desmontar la propaganda separatista y defender la soberanía nacional de una democracia plena como la española.

Más allá del independentismo catalán, la vía Frankenstein elegida por Sánchez está deparando imágenes insoportables, como la primera reunión parlamentaria entre el PSOE y los proetarras. Que Bildu la haya valorado como «un paso en la buena dirección» lo dice todo.

En su indigna huida hacia adelante nos preguntamos adónde va el candidato Sánchez. Y adónde nos lleva a los españoles.

El Mundo