A LA DERIVA

Muchas veces la política te deja peor cuerpo que atravesar el cabo de Hornos en plena tormenta, tan mareado y aturdido por los vaivenes que todo parece fuera de control, como si nadie estuviera al mando o la nao derrotase por su cuenta a la deriva.

Para España, por ejemplo, la crisis del Open Arms se ha resuelto de la forma más descabellada posible, casi como un sainete, de tal forma que Sánchez, presunto capitán desde la marisma de Doñana, ha estado dando palos de ciego con el barco y su pasaje, sin saber qué demonios hacer con los ciento y pico inmigrantes que en su cubierta esperaban tocar tierra.

Lo mismo se negaba a ponérsele al teléfono a los de la ONG, que luego llamaba corriendo al barco para hablar con Richard Gere cuando el actor fue allí a repartir alimentos. O, más tarde, ofrecía el puerto de Algeciras para su atraque y a los diez minutos el de Mahón. Y solo una hora después ni uno ni otro, y mandaba alistar la tripulación de un buque de la Armada para salir pitando a Lampedusa para escoltar al Open Arms.

Resultado, cuando llevaban una decena de millas recorridas, los inmigrantes ya estaban en tierra firme tras ordenarlo un fiscal italiano. Un despropósito que indica que aquel Gobierno que iba a dar un ejemplo al mundo de cómo hacer frente al problema (geopolítico y humanitario) de la inmigración irregular, es la viva imagen del no saber qué hacer.

Se cumplen trece meses, por ejemplo, desde que Grande-Marlaska dijo que las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, aquellas que ordenó poner el Gobierno socialista de Zapatero, se iban a quitar «con carácter inmediato». Y ahí están las cuchillas coronando las alambradas de la frontera, haciendo trizas la palabra dada por el ministro del «Gobierno bonito» que no resistió dos semanas tan generoso apodo.

Y dijeron que se iban a terminar asimismo las devoluciones en caliente, «esas que hacia el PP» y que vulneraban los derechos humanos, la legislación internacional y hasta el Fuero Juzgo. Y a los dos meses tuvieron que reconocer que lo seguían haciendo. «Abre la verja y vamos, por donde habéis venido…».

Un buque militar con medio centenar de marinos, seis días de mar, combustible, dietas, fajina para todos… solo para recoger a más de 1.012 millas náuticas (casi 2.000 kilómetros) a quince personas que ya llevan tres días en tierra. Dice Carmen Calvo que es «más seguro y más fácil» que traerlos en avión. Lo dicho, a la deriva por el cabo de Hornos del sentido común.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor