A LA MINISTRA DE ASUNTOS EXTERIORES

Es la primera vez, y espero que la última, que dirijo un artículo a un cargo publico en vez de a mis lectores, como corresponde, pero su caso es tan especial que lo permite, e incluso exige. He conocido a titulares de Exteriores de todos los estilos, hombres, mujeres, diplomáticos, empresarios, políticos, capaces, incapaces, como en todas las actividades.

Con sólo un rasgo común: a todos les engañaron los ingleses menos a Castiella. Usando el mismo señuelo: hacerles creer que resolverían el contencioso de Gibraltar, para, una vez logrado lo que buscaban de ellos, decirles que debían consultar a los gibraltareños y estos se negaban. ¡Cómo si necesitasen el consentimiento de sus colonias! Pero todos picaron, desde López Bravo, inventor

 del «pensemos juntos», primer burlado, hasta su antecesor. Hubo una excepción, que confirma la regla: Trinidad Jiménez, socialista, corrigió una de las mayores barbaridades de Moratinos: admitir en la negociación a Gibraltar, cuando ni la ONU lo exigía.

Pero a usted no hizo falta que la engañaran. Usted les ha regalado lo que Picardo venía pidiendo, más territorio, gratis además. En la entrevista que concedió al «Financial Times», ha subordinado la soberanía nacional a «los lazos comerciales en aquel territorio», menos que un plato de lentejas. Cuando en el Tratado de Utrecht se especifica que cedimos Gibraltar «sin jurisdicción territorial alguna», en inglés «without any territorial propiety», en latín «sine Jurisdictione quapiam Territoriali», pues en las tres lenguas fue redactado.

Que usted sea economista con amplia experiencia en comercio internacional no le permite decir que España «necesita reforzar los lazos con ese territorio» por llevar precisamente al Gran Gibraltar. Es más, ni siquiera la UE lo consentiría, al no pertenecer Gibraltar ni el Reino Unido al espacio Schengen y permitir crear un enorme paraíso fiscal al sur del mismo, con base militar incluida.

Que varios alcaldes de la zona lo pidan no hace más que mostrar, primero, que Gibraltar, con la tercera renta per capita del mundo, está colonizando aquella parte de Andalucía. Segundo, que nos traería problemas con Bruselas.

Y tercero, que perderíamos los títulos sobre Gibraltar que Utrecht nos concede con la cláusula de que si el Reino Unido decide un día deshacerse de él, «España tendrá la primera opción», y también el que nos reconoció la Asamblea General de la ONU en su resolución 2.353 (XXII) el 19.12.1969, donde se considera que «toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional o la integridad territorial de un país es incompatible con los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas».

Podría comentar el resto de su gestión ministerial, especialmente el alejamiento del eje Franco-Alemán que preocupa en ambas capitales, así como a analistas informados -el articulo de Vidal-Folch «No somos saltimbanquis» en «El País» es esclarecedor- pero prefiero no hacerlo por suponer que usted recibe órdenes.

Pero Gibraltar me ocupa desde hace medio siglo y preocupa más que nunca. Quedo a su disposición jmc.

José María Carrascal ( ABC  )