Conocerán ustedes esa máxima que afirma que, el que a los veinte años no es revolucionario, es porque no tiene corazón, y el que a los cuarenta no es conservador, es porque no tiene cabeza. La idea subyacente en dicha frase se ha expresado de otras formas, pero lo importante en este caso es el fondo de la cuestión, no la forma lingüística de expresarlo. Viene esto a colación porque lo dicho anteriormente se está cumpliendo, a rajatabla, con los dirigentes socialistas que se nos han hecho mayores.

Da gusto oír hablar ahora a Felipe González, que lo hace como un hombre de estado, cosa que él nunca fue, pero que, comparado con los actuales dirigentes de su partido, a mí casi me parece ya un gran estadista.

Lo mismo sucede con Francisco Vázquez (Paco Vázquez, para los que sean sus amigos), que fue alcalde de La Coruña, embajador de España en la Santa Sede, y al que, no sé por qué, yo siempre me lo he imaginado meando agua bendita. Pues bien, todo lo que dice el buen señor ahora, destila sentido común, ese que tan poco utilizó cuando era alcalde, si es que lo tenía, sentido común digo, porque el bastón de mando de alcalde bien agarrado que lo tuvo.

Algo similar le pasa a Alfonso Guerra, que ahora, cuando habla, casi todo lo que expresa es coherente. Ya hubiéramos querido los andaluces que esa coherencia la hubiera practicado cuando siendo él vicepresidente del Ejecutivo de la nación, a su hermano del alma, el recordado Juan Guerra, le puso un despacho en la Delegación del Gobierno en Andalucía, con sede en Sevilla, y no precisamente para que se entretuviera haciendo crucigramas, la criatura.

Aunque sobre el tema que estamos abordando en este artículo, mi favorito desde hace tiempo es José Luis Corcuera; hubo una época en que lo invitaban a 13 televisión, y el buen hombre hablaba de una forma que daba gusto escucharlo, tanto, que estuve a punto de crear un club de fans suyo, que quién me lo iba a decir a mí, con lo que yo he sido, y soy.

Y es que ya se sabe: el que a los veinte años no es revolucionario, es porque no tiene corazón, y el que a los cuarenta no es conservador, es porque no tiene cabeza. Y si en vez de cuarenta años, son sesenta, u ochenta, ya, ni les cuento. Y, si no, que se lo pregunten a los dirigentes socialistas que se nos han hecho mayores, a los que da gusto oírlos hablar ahora.

Blas Riz Carmona ( El Correo de España )