A LA YUGULAR DEL SUPREMO

Dos siglos de Tribunal Supremo. Tal vez no haya ninguna institución española que haya acumulado tanto prestigio. Soleado de sabiduría jurídica, sentencia tras sentencia, mes tras mes, año tras año, siglo tras siglo, el alto Tribunal ha sentado jurisprudencia por todos respetada. El pueblo ha respaldado siempre la calidad del Supremo y aceptado su magistratura. A lo largo de doscientos años, se han producido, pues claro, algunos errores, difuminados entre la abrumadora cantidad de aciertos.

Hace unos días, el Supremo dejó su garganta al aire tras un fallo difícilmente explicable. En lugar de respaldar al Tribunal, el presidente del Gobierno saltó como una pantera de Java a su yugular. No recuerdo precedentes de un jefe del Ejecutivo que haya vejado al Supremo enmendando una sentencia a través de un fulminante decreto ley. Tal vez habría sido explicable, sin embargo, que el Gobierno hubiera puesto en marcha la reforma de una ley de confusa redacción.

Pero no. Pedro Sánchez se fue, con manifiesta deslealtad, a la televisión para decir: «Aquí el que manda soy yo y he decidido humillar al Tribunal Supremo desarzonando a los magistrados de sus cabalgaduras jurídicas y abofeteándoles con un decreto ley». Pura demagogia populista. Lamentable operación de imagen. Manifiesta irresponsabilidad.

Pero, además, Pedro Sánchez decidió fragilizar el prestigio secular del Tribunal Supremo por una cuestión enmascarada, más sórdida y deleznable. Para votar en su favor en la moción de censura, el secesionismo catalán le exigió, entre otras cosas, el indulto tras la previsible condena del Supremo a sus dirigentes encarcelados como presuntos golpistas.

Pablo Casado está ya en acción para dificultar la jugarreta de Pedro Sánchez. Al presidente del Gobierno le conviene un Supremo debilitado para argumentar ante la opinión pública: «Resolví el error de la sentencia hipotecaria con un decreto ley y ahora voy a solucionar la equivocación del Tribunal al condenar a los golpistas que me sentaron en Moncloa, concediéndoles el indulto».

En su obsesión por permanecer en el poder, Pedro Sánchez parece dispuesto, si fuera necesario, a descuartizar el Tribunal Supremo y a despedazar España. Esa es la dura realidad que está llegando ya a extensos sectores de la opinión pública.

Luis María Anson, de la Real Academia Española. ( El Mundo )