» A LOS POBRES, QUE LES DEN »

Si los padres más o menos ricos se reunieran en un Club Bilderberg patrio a comentar las reformas educativas socialistas podrían alegrarse por sus hijos, con cierto cinismo. Ese afán por ir cargándose la concertada de los jesuitas, de los salesianos, de los sagrados corazones, los escolapios o La Asunción, un nido clasista y segredador para la pobresía, hará obligatorio, en unos años, optar por la pública de la educación sexual a los seis años, valores sólo de una parte, de la ideología hasta en las Matemáticas o por los privados-privados.

 Sólo podrán elegir filosofía del centro los ricos sobrados y la clase media, sin vacaciones durante 15 años. Los habrá que busquen contactos en cumpleaños y los que quieran centros de expectativas altas de sacrificio y excelencia. O coles privados de izquierda divina, costura unisex, deporte diario, como el admirable Estudio de Madrid, en el que Jordi Évole no se fija para retratar sagas de poder porque El Pilar da mejor para su retrato tremendista de los que mueven los hilos.

A universidades de prestigio, a grados exigentes, pueden llegar con más facilidad los alumnos de entornos humildes de los bachilleratos de excelencia y los internacionales públicos. En el San Mateo, corazón de Malasaña, estudió Jia Jei Tao, al Imperial College desde Vallecas. En ese instituto a extinguir por las políticas Logsianas se mezclan hijos de hogares humildes con los de directivos del Ibex, unidos por el deseo de horas extra de Matemáticas, de Física o de Latín.

Una aberración para los dirigentes actuales del Ministerio, ideólogos del Bachillerato con una asignatura suspensa. En la letra pequeña de su reforma viene que la autonomía pedagógica de los centros no supondrá poder elegir al alumnado. Fuera el San Mateo y similares, que piden nota. Que se los queden los ricos, que puedan pagarlos.

A los pobres, destinatarios de las políticas sanchistas, que les den. Les pasamos la mano en Bachillerato, entran en una universidad con un aprobado y, con título y sin trabajo, que se indignen con el sistema y voten a la izquierda. En Andalucía, llevamos delantera.

Y no preguntemos a qué colegios llevan sus hijos los artífices de estas políticas. Exigir saber eso es de mala educación.

Berta González de Vega ( El Mundo )