A demás de subir los tipos de interés hasta el 1,75 por ciento, el Banco de Inglaterra anunció ayer, a modo de previsión, que la recesión se prolongará en el Reino Unido hasta finales del año que viene.

En este escenario, compartido en distinto grado por el resto de las economías occidentales, los ajustes no tardarán en hacerse realidad, con mayor virulencia en aquellos países que, lejos de contener el déficit y la deuda, han apostado en los últimos ejercicios por el gasto.

Desde la llegada al Gobierno de Pedro Sánchez, la deuda pública por hogar se ha disparado en España un 26 por ciento, pasando de 57.400 a 71.995 euros.

Con el visto bueno de Bruselas, cuyas reglas fiscales han sido aplazadas desde el comienzo de la pandemia, España ha insistido en aumentar una deuda que va a costar financiar cada vez más y cuyo agujero representa un riesgo añadido en una fase de desaceleración y, en el peor de los casos, recesión.

No es sensato gastar lo que no se tiene en vísperas de aplicar recortes.

ABC