A POR ELLOS

Es la hora estelar de los linchadores. «La manada judicial» dictaba Jordi Évole, ese follonero de la cloaca de la extrema izquierda hoy un referente en ciertos sectores de la sociedad española gracias al Gobierno del PP. Nadie crea por tanto que aquí se trata de hacer justicia con nada ni nadie. Se moviliza para destruir a la judicatura en el grado de independencia y resistencia a la avalancha ideológica que busca someter a la sociedad entera. Lo terrible es comprobar la poca resistencia que encuentran por la falta de criterio de la sociedad débil y maltrecha. Por no hablar de unas clases política y periodística depravadas hasta la náusea que compiten por adherirse la jauría. Imaginen que la chica fuera la mujer de un guardia civil y los cinco borrachos agresores, miembros de la chozna de fiestas de ETA/Bildu.

¿Cuántos habrían salido a la calle contra una sentencia que no han leído, sobre unas pruebas y un vídeo que no han visto y un juicio que desconocen? Se trata, ya lo dice Évole, de los jueces. Que tienen la manía de pedir pruebas. Y eso se tiene que acabar. Tienen que empezar a regirse por lo que siente y pide el pueblo. Ya se encargarán Évole, OteguiIglesias y otros amigos en transmitir a los jueces qué se espera de ellos.

Lo que hay probado son relaciones sexuales de los cinco con la chica. Y está el testimonio de la víctima afirmando que ella no quería y que fue forzada a ello. Eso es lo que hay. Y declaraciones contradictorias. Y un vídeo que no conocemos. Después está nuestro ordenamiento jurídico. Y lo que llaman pruebas. Eso que se considera necesario para condenar a alguien. Siempre es así. Pero más cuando se dirimen penas que pueden dar al traste con la vida adulta de los acusados. Y no hay pruebas. Por mucho que duela. Es la palabra de la chica. Se grita que «No es no». Muy cierto. Así debe ser. Pero es que no hay un «No». Por eso sale Ana Patricia Botín, sorprendente nueva experta en leyes, para decir que «no hace falta un No».

Es la hora estelar de los linchadores. Y tienen el caso perfecto. La denunciante y víctima es una mujer frágil, la hija que todos tenemos o podríamos tener. Los condenados son cinco hombres de mala calaña y hábitos despreciables. Y han acabado siendo personajes ideales para una función en la que, culpables o no culpables de una cosa u otra, cumplen una función perfecta. El asalto a la independencia judicial con el ataque masivo a la presunción de inocencia.

La independencia judicial puede frenar al frente de izquierdismo y separatismo que intenta destruir España. Y dejar en ridículo a golpistas y también a gobiernos con apetencias de complicidad por sobrevivir. Los jueces son, en un país sin gobierno y con una rebelión regional, el único dique de defensa de la Constitución, de la libertad y de lo que queda de estado de derecho. A por ellos van.

Hermann Tertsch ( ABC )