A PROMESA POR MITIN, ¿ QUIÉN PAGA ?

Un mitin, una promesa. Y miles y miles de votos detrás de cada una de ellas. Ojo avizor. Es la idea del presidente en funciones. Está en campaña y las promesas las va encadenando. ¡Pues estamos a un mes vista para acudir a las urnas y como siga a este ritmo… la ruina! Lo peor es que tenemos experiencia de sobra, pero memoria cero. No asimilamos lo aprendido. Luego vendrán los lloros y lamentos. Y vuelta a empezar con la austeridad. ¿Les suena?

No estaría de más que los españoles nos pudiéramos grabar a fuego -metafóricamente hablando, claro está, con tenerlo aprendido valdría, pero de verdad- todas esas promesas en campaña que acabaron en la mayoría de las ocasiones en flagrantes incumplimientos.

Y casi todo en el plano económico. Al final, lo que importa a los ciudadanos y al devenir de un país. Por ejemplo, la promesa de bajar impuestos en medio de una crisis que finalmente acabó en todo lo contrario; prometer aumentos de impuestos «a los ricos» para contentar a los menos beneficiados; subir las pensiones; acabar con la reforma laboral y de paso con la dualidad del mercado de trabajo…

Pero como en general se interpreta que el incumplimiento de una promesa apenas acarrea castigo electoral, es normal que esta nociva práctica (prometer sin cumplir) se repita una y otra vez por siempre jamás.

Y en esas estamos. Estos días, Pedro Sánchez está que lo tira. Se ha comprometido a varias cosas. Primero, a actualizar en el próximo mes de diciembre las pensiones del ejercicio 2020 de acuerdo con el IPC real -pero, vamos a ver, el IPC anual a septiembre se sitúa en el 0,1%, ¿quiere decir el presidente Sánchez que va a reducir la subida prevista de las pensiones del 0,25% a menos de la mitad?- y a blindarlas a través de la Constitución; además se reafirma en continuar incrementando el próximo año el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), hasta el 60% del salario medio a final de legislatura (unos 1.200 euros) -ojito con el tema que las empresas ya reconocen que han dejado de contratar porque no les compensa tener a jóvenes poco cualificados por más sueldo-; además dice que va a dar respuesta a esos jóvenes que se manifiestan por el clima porque la emergencia climática es una cuestión de supervivencia (¿eso se traduce en ayudas económicas también?).

Pero hay más. No hace ni dos días, el «presi» en funciones, aprovechando la coyuntura de las medidas arancelarias anunciadas por EE.UU., prometió también la reducción del número de peonadas necesarias para acceder al cobro del subsidio agrario, conocido como PER.

Vale, pues yo también me comprometo a dar mi voto (hoy día en el aire aún) al candidato Sánchez si de una vez por todas cuantifica todas esas promesas y nos dice exactamente (y lo deja por escrito) de dónde sacará el dinero para pagar todas esas facturas prometidas. Lo prometo.

María Jesús Pérez ( ABC )