¿ A QUE NO ES UN SUEÑO ?

La semana no ha podido ser mejor para los propagadores del independentismo. Un condenado por desobediencia y un procesado por organizar un referéndum ilegal se sientan en La Moncloa, enfrente de «la delegación española», como dijo la ministra portavoz del Gobierno Sánchez-Iglesias.

Las puertas de las cárceles empiezan a abrirse para los condenados por sedición, aprovechando que el Supremo no hizo caso a los fiscales que pidieron el cumplimiento de «al menos la mitad de la pena» para evitar que la Generalitat esté interpretando la ley como más le conviene, mejor dicho, como le da la gana. Los mismos que el miércoles fueron recibidos como si formaran parte de un gobierno extranjero en Madrid se plantaron ayer en Perpiñán a

 hacerle un corte de mangas a la democracia española, rindiendo homenaje a un prófugo de la Justicia que se pasea por la frontera disfrazado de general carlista. En el aquelarre separatista, ayer en el sur de Francia, se echó un poco más de tierra encima a la Constitución de 1978 que va camino del cadalso, aunque nos dirán que fue un accidente.

Puigdemont sigue en estado de rebelión, aprovechando que la inmunidad parlamentaria de la UE le permite organizar un mitin en la «Cataluña Norte», sin que el Estado centralista y jacobino francés haga ni siquiera un gesto de repudio porque cree que es solo folclore, cuando en realidad es un acto integrista-supremacista de un movimiento nacional-populista en territorio europeo.

¿Sería posible un mitin de la ultraderecha lepenista contra la democracia francesa en suelo español, con fugados de la Justicia presentes en el mismo, sin que el Gobierno de París abriera la boca? Pues en Perpiñán, y con el respaldo de políticos ultras locales, le dieron duro al megáfono de la insurrección: pura y dura rebelión de la masa. Basta con frotarse un poco los ojos y darse cuenta de que no es un sueño.

El independentismo ha sido reanimado por el actual Gobierno. «La ley no basta», la frase del presidente Sánchez, les ha dado el aire necesario al sentarlos a la misma mesa. «La nación de naciones» que Sánchez ha heredado del expresidente Rodríguez Zapatero está a la espera de que Nuñez Feijóo pierda la mayoría absoluta en Galicia y así en las tres comunidades que tuvieron estatuto en la Segunda República habrá gobiernos, participados por el sanchismo, que eliminen al Estado de sus territorios.

La Constitución vaciada como si fuera un campo de Castilla. Los hechos nos «embisten», recordando el verso de Machado. Cuando pase el efecto del somnífero llamado diálogo, nos demostrarán otra vez que el nacionalismo siempre se sale con la suya en España, en este caso derrocando a lo que el vicepresidente segundo del Gobierno llama «régimen del 78».

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor