Sorprende, y no debería, oír verdades en la sede de la soberanía nacional. Ya era hora de que comenzara a resquebrajarse la esclerosis del discurso y pensamiento único instalado en una sociedad en apariencia adormecida. Ha tenido la importancia de una mínima bocanada de aire fresco para seguir con vida ante el ahogo. Y no es poco.

Se oyeron palabras, ideas y valoraciones hasta ahora ausentes en una moción de censura al gobierno e incluso en una sesión regular del Congreso. Santiago Abascal, en este caso, ha sido el interlocutor de muchos españoles que consideran que el actual gobierno de España es el peor en ochenta años de historia y que el Jefe del Estado, la Justicia y el Estado de Derecho están siendo dinamitados sostenidamente desde dentro y avanzando hacia un cambio de régimen con pretensiones totalitarias acordes con la agenda globalista. Y no es poco.

El hecho de plantear una censura hacia una gestión sectaria, incapaz e incluso maliciosa de la pandemia del bien llamado virus chino, para imponer la agenda política de socialistas, comunistas de corte chavista y separatistas, tiene la fuerza de los hechos ante la triste evidencia de una catástrofe que va más allá de lo sanitario. Y no es poco.

La denuncia del peligro de perder la alternancia política en el poder democrático por un proceso revolucionario y golpista de corte mafioso por parte de los aliados a la narco-dictadura venezolana y los carteles de la droga, en palabras de Abascal, es tan contundente como la peligrosidad de su concreción. Y no es poco.

La crítica hacia la oligarquía de Bruselas, sus planes de control e ingeniería social distópica y la advertencia de que esa Europa, “maquinaria deshumanizada que aspira a destruir los pueblos”, no salvará España, sino que lo harán los españoles, es cuanto menos valiente y corajosa.  “No impondrán una tiranía progre y globalista”, dijo Abascal y resonó seguro, contundente y esperanzador. Y eso tampoco es poco.

Las referencias hacia los planes de Soros,  la inmigración clandestina y el peligro que hoy sufren los estados nacionales, la apelación explicita a la importancia de la Familia y la Patria frente al globalismo y el poder expansionista chino, la llamada a la Ley, el Orden y la Libertad, la denuncia de los planes del Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, el peligro del yihadismo, las multinacionales que negocian con la pobreza ante una crisis sin precedentes, han sido algunos de sus afirmaciones que, al menos personalmente, nunca antes había oído en sede parlamentaria.

Las propuestas de gobierno que hubo, ya que de eso trata una moción de censura, están llamadas al fracaso por falta de apoyo numérico. El valor del discurso del líder de VOX, frente a la soberbia despótica del poder sociocomunista, es la de una llamada, un alzarse, un pensar en ponerse en pie y empezar a caminar en dirección opuesta al abismo.

En momentos de oscuridad, en tiempos de infamia, cuando todo parece perdido, resuenan las palabras de un argentino, Raúl Scalabrini Ortiz, un filósofo, periodista, escritor y ensayista que fue testigo de su tiempo y vio ponerse en pie a los derrotados y olvidados de su patria, y así los describió: “Era el subsuelo de la patria sublevado.

 Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (…) Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.

Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

No prosperará esta moción de censura, no cambiará hoy el rumbo de los acontecimientos, pero al menos queda la esperanza de que algún día el subsuelo de la Patria se despierte.

José Papparelli ( El Correo de España )