Tuve hace unas semanas el placer y el honor de entrevistar al expresidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. El presidente Camps es la demostración de cómo la izquierda puede, sin nada más que su propaganda, destruir la carrera y el honor de un hombre.

Pero es la demostración, también, y esto es aún más grave, de cómo la derecha cede a la mentira y retrocede ante el linchamiento con una cobardía indigna, aceptando los términos de un debate adulterado y fraudulento. El verdadero juicio paralelo al presidente Camps lo llevó a cabo y lo ejecutó el Partido Popular, apartándolo vilmente y sin ninguna prueba -como luego ha certificado el juez- de su cargo institucional y de las responsabilidades en el partido.

La Justicia ha absuelto de cualquier cargo pero continúa don Francisco a la espera de que le absuelva su partido de unos delitos que jamás ha cometido. Hasta que Pablo Casado no absuelva a Camps y no le reincorpore, y no le dé ocasión de derrotar a los socialistas en la Comunidad Valenciana, el PP continuará siendo un muñeco de la propaganda socialista, con su honorabilidad manchada sin motivo.

El doble complejo de Casado es estar demasiado pendiente de Vox y caer con demasiada facilidad en las trampas de la izquierda. El PP tiene que reivindicarse como fuerza de centro derecha, como partido útil a los españoles, y tiene que ser más fuerte que la propaganda de sus adversarios.

El Partido Popular no puede convertirse en el verdugo de los designios de la propaganda socialista, que es como exactamente actuó con el presidente Camps, y es en lo que continúa instalado en su tonta negligencia de no volverlo a designar como candidato. Si alguien cree que presentar a Isabel Bonig es serio, que recuerde que un tipo tan absurdo como Ximo Puig ha llegado a presidente de la Generalitat.

El PP tiene que absolver a Francisco Camps, y tiene que absolver a Rita Barberá, que tras 24 años de alcaldesa de Valencia murió sola, pobre como una rata y hallada inocente por la Justicia de cualquier cargo; pero sobre todo tiene que absolverse a sí mismo, tiene que reclamar su dignidad, tiene que defender su honorabilidad, y este el único modo de no dejarse pisotear ni por el populismo de Vox ni por las mentiras de los socialistas.

Sin esta reivindicación, sin esta restitución, sin este reconocerse en lo que es y en los que le han hecho como es, vagará siempre a la merced de las caricaturas que de él hagan sus enemigos, será el blanco perfecto de todas las burlas, y no será creíble en la construcción de ningún proyecto político, aunque sólo sea porque es muy difícil que los españoles crean que va a defender sus intereses un partido que no sabe ni defender la inocencia y hasta la vida de los suyos. Se trata de la carrera del presidente Camps, por supuesto que se trata de su carrera.

Se trata de la memoria de Rita Barberá, por supuesto que también. Pero se trata sobre todo del PP, de la valentía del PP, del deber que cualquier partido decente tiene con la verdad, con el honor y con la idea de que la valentía merece la pena y de que rendirse es lo que nos convierte en débiles y en mezquinos cómplices de la tiranía. Si el próximo presidente de la Generalitat no es Paco Camps, el próximo presidente del Gobierno no será Pablo Casado.

No porque lo diga yo sino porque el PP se habrá entregado, se habrá rendido.

Salvador Sostres ( ABC )