ACABAR CON EL» GATOPARDISMO »

Hoy voy a ser políticamente incorrecta. Porque… me niego a votar con la nariz tapada, como otros muchos españoles que dicen haberse visto obligados a hacerlo desde hace años. O tenemos la opción sobre la mesa de un futuro presidente de Gobierno en condiciones o no vuelvo a dar mi voto a nadie.

Ni válido, ni en blanco, ni nulo. Porque para nuestra desgracia, aunque lo tenemos asumido, los ciudadanos no tenemos aún la opción de nombrar a aquel que debe gobernarnos. Esa potestad, en una democracia representativa como la nuestra, la tienen los señores diputados. Sus «ilustres» señorías. ¡Así nos va! Sobre todo en los últimos ocho meses. Al menos, eso sí, elegimos a aquellos que nos representan en el Parlamento, aunque también, «telita».

Ahora bien, no creo que nadie quiera un nuevo presidente que día sí día también mienta, desdiciéndose cada vez que le viene en gana (dando valor cero a las hemerotecas y a los profesionales que siguen la información de Gobierno día tras día), cambiando de «socioamigos» por intereses propios, gobernando a golpe de decreto (¡de los procedimientos legales que más empobrecen la calidad democrática!), y que, para colmo, después de agarrarse al sillón durante casi un largo e improductivo año en el cargo se llevará un sueldo para toda la vida. ¡Más fácil que con Nescafé oiga!

Espero impaciente las promesas de precampaña electoral. Mi voto irá a parar a aquel que definitivamente cambie, sin miedo al impopulismo político, todos los privilegios de los que gozan aquellos que, en teoría, cobran por el trabajo bien hecho. Como el resto de los mortales que, por cierto, son los que les pagan.

Porque, digo yo, ¿se puede considerar ya a Pedro Sánchez como el peor «trabajador» de la historia de la democracia española al frente del país? Sobran razones para que la respuesta sea afirmativa. Entra en La Moncloa como elefante en una cacharrería, se alía con golpistas y formaciones políticas que viven por y para destruir la unidad de España, se gasta lo poco que se había recuperado con el esfuerzo de todos los españoles y ganarse el voto fácil, consigue títulos por su cara bonita (mejor decirlo así), y le escriben un libro llenito de absurdeces impropias de un presidente de Gobierno… ¿De verdad que le tenemos que seguir pagando por siempre jamás?

Me niego. No quiero volver a escuchar, si se tercia, el «Me acordé de san Juan de la Cruz: «Como decíamos ayer…» -fray Luis de León, claro está-. Acabemos con el «gatopardismo», porque hay que cambiar todo, sí, pero para que todo cambie.

María Jesús Pérez ( ABC )