» ACHUPÉ, ACHUPÉ»…

Tres cuartos de hora (como quien dice) de moqueta ministerial y se acabó la revolución. La parte gubernamental de Podemos se levantó ayer a aplaudir al Rey en la solemne apertura de las Cortes. No es que se dejaran las manos en la ovación, que tampoco los van a contratar en un tablao por su manera de dar palmas, pero los podemitas al menos abandonaron aquel infantilismo sedente de la sesión solemne de 2016.

Entonces Iglesias y compañía aún soñaban con conquistar el cielo «al asalto», confundiendo las instituciones con aquellas asambleas de instituto en las que organizaban «la resistencia al capitalismo» mientras despachaban en el recreo un bocadillo de mortadela con aceitunas, aperitivo de los escraches que, pasado el

tiempo, organizaban en la Universidad contra «la casta del sistema». Hoy, una vez estrenada la cartera ministerial o, en el caso de Iglesias la vicepresidencia, se acabó aquel parvulario «achupé, achupé, sentadito me quedé» y ya se levantan a aplaudir el discurso del Rey, de la misma manera que, con los primeros sueldos y alguna que otra ayudica, se agenciaron el chalé de Galapagar, con piscina y todo.

Lejos queda el pisito de Vallecas de la abuela. En la mullida moqueta ministerial se les han apagado aquellos entusiasmos revolucionarios, extinguidos de repente todos los fuegos y parte de las simplezas y revelando que todo aquel alpiste ideológico de antaño era una simple mentira para cebar las urnas de votos de los entonces indignados.

Mentira entonces y mentira ahora, seguramente, pues no hace dos meses que Podemos agitaba un acto titulado «Destituyamos al Rey, que ruede la Corona», en el que se pedía un referéndum contra la monarquía, lo que hace improbable que el aplauso de ayer, puestos en pie, contenga un gramo de sinceridad.

De hecho, buena parte del Grupo populista no participó de la ovación, al igual que los parlamentarios del PNV, que no se arriesgan a que les regañen los proetarras de Bildu en este año de elecciones en el País Vasco.

De los nacionalistas y su boina sectaria no cabe esperar nada que beneficie a España, y el Rey es el símbolo de su unidad y fortaleza. Y de los populistas de ultraizquierda tampoco, que su aplauso durará lo que dure la moqueta. Y después regresarán corriendo al corro y al «achupé, achupé».

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor