ADA COLAU, UNA SEPARATISTA MÁS

La decisión de las bases del partido de Ada Colau de romper el acuerdo de gobierno con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona es más que un efecto colateral del procésEs la confirmación de la deriva independentista de una corriente política que se erige, con dosis exacerbadas de cinismo, en adalid de la izquierda pura. Colau ha demostrado que está dispuesta a sacrificar la gobernabilidad de la segunda ciudad de España por puro tacticismo de cara a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. O lo que es lo mismo, antepone su estrategia partidista en una cita en la que todos los sondeos señalan al partido de Colau como bisagra del próximo Gobierno catalán.

Podría decirse que esta maniobra es fruto de un asamblearismo infantil travestido de democracia participativa -en la consulta interna votaron solo 3.800 personas-, pero la realidad es que ni Colau ni su equipo más directo hicieron campaña para defender el pacto con los socialistas. De ello se deduce lo que es una evidencia desde hace mucho tiempo:la alcaldesa de la capital catalana ha colgado su disfraz de equidistante para zambullirse de coz y hoz en una hoja de ruta cuyo objetivo es reeditar el tripartito o, en cualquier caso, confluir con las fuerzas independentistas.

La aplicación del artículo 155 de la Constitución es el subterfugio que ha movido a los comunes a expulsar de su gobierno al PSC. Sin embargo, este giro responde a la pulsión secesionista de Colau. No puede entenderse de otra forma teniendo en cuenta que Barcelona en Comú suma sólo 11 de los 41 concejales de este Ayuntamiento. Anclada en una posición de raíz nacionalpopulista, la alcaldesa de Barcelona votó a favor de un Estado propio catalán en el pseudoreferéndum del 9-N. Después consideró ilegal la consulta del 1-O, aunque acabó votando en la misma. Y ahora ha humillado a los socialistas -aunque quizá al partido de Iceta no le venga mal del todo desembarazarse de Colau de cara a los comicios- para echarse en brazos de Xavier Trias, que ya ha admitido haberse beneficiado de una sociedad familiar offshore en Suiza; y de ERC, que abanderó una declaración de independencia de la que Colau, teóricamente, renegó.

Esta apoteosis de la demagogia ha convertido a Colau en la «emperatriz de la ambigüedad», tal como la calificó Borrell. Su incapacidad para mantener el pacto con el PSC -en línea con las posiciones más radicales de Podemos- es la guinda a una errática trayectoria que le ha llevado a erosionar la tradición plural, abierta y global de la capital catalana; a enfrentarse a sectores clave como el del turismo; y a deteriorar la economía local poniendo en riesgo la continuidad en Barcelona de eventos de tanto peso como el Mobile World Congress. De todo ello cabe colegir que Colau se ha quitado la careta. La alcaldesa de Barcelona es una independentista más cuya adolescente acción política rezuma irresponsabilidad y sectarismo.

El Mundo