AFIRMACIONES MENDACES

Las insurrecciones se alimentan de héroes una vez que han triunfado y de villanos cuando fracasan. Nada ha terminado, todo sigue, pero algunas caras, caras duras, están apareciendo de detrás de las caretas. Puigdemont intenta recomponer su imagen de prófugo con adláteres en la cárcel. Explica que ha tenido que sacrificarse huyendo a Bélgica para crear una estructura estable que organice la resistencia de los catalanes frente al Estado opresor, y pide perdón por «la desorientación causada por nuestra falta de respuestas rápidas ante los ataques desmesurados». No es culpa suya, es de la presión que soporta.

La cárcel asusta, para eso está. Tanto que es rara la vez que no se consigue reunir en tiempo récord grandes cantidades de dinero para evitarla. Hay un antes y un después para el que pisa una celda, como hay un abismo entre una orden de prisión con fianza y otra sin ella. A Carmen Forcadell no hubo que apretarle mucho, apenas un pellizquito de monja. “Que lo de la declaración de independencia era broma, tontos”. “Que lo del 155 no está tan mal y, además, no tengo intención de seguir en la política pero, aunque siguiera, ni se me ocurriría hacer nada fuera del marco constitucional”.

Dicho esto, más o menos, por la persona que, sin necesidad de significarse desde su cargo institucional, se convirtió en la imagen más dura del independentismo, la que se puso sin tapujos al lado de una mitad del Parlament y silenció a la otra. Dicho esto por la persona que ha desobedecido al Constitucional y al propio Consejo de Garantías Estatutarias catalán. Dicho, en fin, por la secesionista que se conjuró hace quince días para no dar ni un paso atrás. Tanto arrepentimiento mosquea, también al juez Llarena, al que no se le escapa, en la frase más reveladora de su auto, que las afirmaciones de Forcadell puedan ser mendaces. Cómo para fiarse. ¿Cuándo querrá el villano volver a ser héroe?

Rescatado del baúl de la coherencia y los principios, Justiniano Martínez, ex dirigente comunista y ex diputado autonómico catalán, se quejaba esta semana del victimismo independentista que está pervirtiendo y banalizando el término franquista. Dice que franquismo es aquello contra lo que él luchó, aquello que contribuyó a desterrar para vivir en un régimen de libertades. Él se mantuvo firme y sufrió cárcel y torturas. “En España no hay ningún preso político desde 1976”, proclama, y los que están en prisión lo están por “vulnerar unas leyes que costó mucho traer a este país”. Que esperen en Bruselas, en la cárcel o en su casa, pero es por esto, solo por esto, por lo que se les habrá de juzgar.

Rafael Moyano ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor