La confusión generada por el Gobierno con el proceso de vacunación no parece tener final. Ante la incertidumbre de casi dos millones de españoles vacunados semanas atrás con la primera dosis de AstraZeneca, la última ‘boutade’ de Sanidad ha sido recomendar que la segunda sea con Pfizer, algo muy discutido por expertos sanitarios.

Más aún, pretende dar libertad a las autonomías para administrar una segunda dosis de AstraZeneca a los ciudadanos que la acepten voluntariamente y que asuman por escrito cualquier riesgo.

Y para ello, Sanidad pretende ampararse en el criterio del Comité de Bioética, al que ninguneó cuando tramitaba, por ejemplo, la ley de Eutanasia.

Abdicar de cualquier responsabilidad y buscar coartadas exculpatorias se ha convertido en una mala costumbre del Gobierno, especialmente en cuestiones trascendentales como la salud pública.

Esto no solo puede generar agravios entre españoles porque unos sean libres de decidir vacuna y otros no, sino que está causando ya tal incertidumbre que la ‘estrategia nacional’ de vacunación es una hoy broma pesada para muchos ciudadanos.

ABC