AHÍ VIENEN LOS GURÚS DISFRAZADOS DE ESCOPETAS DE FERIA

La salida de la crisis sanitaria (con permiso de los rebrotes, los botelloneros y demás cabezahuecas) nos deja ahora a las puertas de una catástrofe económica que según calculan todos los organismos internacionales será en España mucho más severa que en el resto de los países de su entorno, que capearán mejor el temporal de rayos y centellas que caerá sobre el planeta.

Prepárense por tanto para escuchar a los gurús económicos, que suelen hacer su agosto durante las etapas de desconcierto, no tanto porque acierten sino más bien porque lo dicen todo con una rotundidad y una contundencia extraordinarias, tal cual como si fuera palabra de Dios, y eso ayuda a la convicción.

En realidad, lo que ocurre es que la economía es un ser tan vivo que de común se muestra indescifrable y nadie llega a comprender del todo su comportamiento. Los santones económicos de la izquierda son casi siempre los primeros en acudir a pontificar cuando se avecina borrasca.

Se les da de miedo hablar y hablar y tienen una fama extraordinaria, seguramente jaleada por los medios progres que degluten sin rechistar todas sus predicciones y recetas, incluso después de haber cometido errores de prospección clamorosos.

No ha tardado en lanzar las suyas Paul Krugman, analista del «New York Times», premio Nobel de Economía (no se le escapa uno a la Academia sueca) y profesor emeritísimo de Princeton desde 2000 y que es una auténtica escopeta de feria que desde 2008 no da una.

A cuenta de su último libro «Contra los zombis», Krugman elabora «un alegato contra ideas preconcebidas en economía, que se ha demostrado hasta la saciedad que no funcionan pero que vuelven al centro de la discusión política, como muertos vivientes». ¿Ideas que no funcionan? Habló Mahoma y dijo Alá.

Escuchemos a Krugman en 2010: «España será rescatada, Grecia saldrá del euro y finalmente el euro desaparecerá». Cierto es que no dijo en qué año ocurriría todo eso. Antes, allá por 2006 aconsejó al presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, crear una «burbuja inmobiliaria» para compensar el estallido de la «burbuja tecnológica» de las puntocom.

Y así, al parecer, haciendo pompas se arregla todo. En realidad se le había escapado, mecachis, que la burbuja ya estaba creada y dos años después estallaría ocasionando el destrozo mundial que aún no hemos terminado de arreglar.

No es que no viera venir la crisis, es que antes propuso crear el terremoto que terminó por asolar todo. Pero a Krugman no le fue mal y siguió paseándose con su hatillo de predicciones y su escopeta de feria al hombro, dando conferencias muy bien remuneradas, que por entonces se hablaba de un caché de 100.000 euros cada hablilla, esos rumores que corren por el vulgo

Picó por ejemplo Zapatero, cuyo olfato para detectar genios es proverbial, y se lo trajo a dar una conferencia en marzo de 2009 y ante él aseguró que preparaba una serie de reformas estructurales que iban a ser el asombro mundial. ¡Y luego resulta que era el Plan E!

La última predicción de Krugman es que «España podría acabar rescatando a Alemania en la próxima crisis». No parece, pero como le escuche Sánchez se lo trae a dar tres conferencias presentadas por los Javis, con Stiglizt y Piketty y su carabina de Ambrosio de teloneros.

Y ya estamos todos.

Álvaro Martínez ( ABC )