La próxima moción de censura anunciada por VOX puede abrir las puertas a la esperanza. No para expulsar de inmediato al Gobierno de Sánchez, algo improbable, pero sí para remover conciencias o, en su caso, intereses: los de unas instituciones agónicas y de un pueblo corrupto, germen de sus podridos políticos, que camina embrutecido y ciego por la senda que le han marcado plutócratas y marxistas hacia el abismo.

Ante la magnitud del proyecto restaurador que España precisa, debemos preguntarnos con urgencia qué se puede y se debe hacer. ¿Está VOX preparado para erigirse en su referencia política? ¿Cuenta con cuadros idóneos para desembozar a quienes okupan medios e instituciones?

¿Es dueño del discurso oportuno y de la estrategia adecuada? ¿Posee el vigor necesario para exigir claridad y coherencia al poder judicial y para desahuciar de la vida pública a quienes sólo se comprometen con su ambición, nunca con la Verdad?

¿Será capaz de describir desde la tribuna parlamentaria los horrores del Poder y de transmitir al pueblo que su mayor peligro proviene del Gobierno y de sus adláteres, pues constituyen un fraude sistemático e hipócrita, cuyo único objetivo es el medro personal?

¿Está preparado para explicar que, de la mano de las totalitarias izquierdas resentidas, España no ha avanzado hacia el futuro, sino que ha retrocedido hasta los años 30 del pasado siglo, con el panorama de atrocidades que ello representa?

¿Está VOX preparado para proclamar que el Gobierno es fuerza despótica y descarnada, la Iglesia un cisma, la Justicia un desorden prevaricador? ¿Para exponer incluso la duda de si el secuestro que sufren la Monarquía o el Ejército, es obligado o voluntario, indigno y reprobable en cualquier caso? Porque salvando su discurso del 3-X-2017, contra «determinadas autoridades de Cataluña», el Rey ha sido un hombre débil, lo mismo que ha sido endeble la actitud del Ejército.

Pero ahora las cosas deben cambiar, y casos como el acto de entrega de despachos a los nuevos jueces así lo exigen. Si el Gobierno impide la presencia real en Barcelona, el Rey debiera corresponder a las camarillas frentepopulistas negándose a refrendar las decisiones gubernamentales que por su contenido inmoral, inconstitucional o imprudente, el presidente okupa le ponga en el futuro sobre la mesa, incluidos los previstos indultos a los separatistas.

Lo innegable es que la fuerza de Sánchez nace de la indiferencia y de la cobardía ciudadanas, y que ante un frentepopulismo resurgido gracias a ellas, además de a la complicidad y la sandez, no es hora ni lugar de disimulos, ni es posible cerrar los ojos.

Al hilo de la moción de censura, es el momento del Rey, de las FF.AA, de VOX y de la honrada elite de intelectuales y profesionales del mundo civil. Todos ellos -cada cual en su terreno- deben dirigirse a la ciudadanía con prudencia y claridad, es decir, hablando bien. Pero sólo habla bien quien dice la verdad. La verdad en todos los aspectos, porque todo es esencial si es verdadero.

Los hombres como Pedro Sánchez no pueden parar hasta que su misma ambición los destroza. La última batalla es la que decide el conflicto, y esa aún no la han ganado los frentepopulistas.

Los españoles de bien, hartos de mentiras, necesitan un hombre -un partido, un movimiento- que no se deje impresionar por las argucias dominantes. Alguien que comprenda que el futuro de España, y con él el de la Monarquía, depende en gran parte de las repercusiones -a todos los niveles y en todos los ámbitos- de la próxima moción de censura. Y que ésta no será suficiente ni oportuna si se limita a dar largas a la situación o a montar un espectáculo artificioso.

Lo peor que en esta hora pueden hacer la Monarquía, las FF.AA, la elite civil y VOX es especular. De nada vale la mera rumorología. No es este el momento de noticias vagas, sino de confirmaciones. Este es el momento de todos ellos, de quienes estén dispuestos a subrayar la excelencia, frente a unos adversarios saciados de ignominia, no de gloria.

Se necesita una jugada maestra, un envite inesperado y contundente para arrebatar la iniciativa y forzar la estrategia del Gobierno y de sus cómplices. Eso, o se perderá una gran ocasión: la de iniciar la tarea regeneradora de nuestra sociedad y de nuestras instituciones.

Jesús Aguilar Marina ( El Correo de España )