Conociendo hasta el hastío, y el perenne hartazgo, los estrambóticos extravíos morales e intelectuales de este desgobierno social comunista, se puede descifrar la nada espontánea intención de sembrar cizaña para ir ocupando sectariamente las instituciones con el fin de eternizar a la izquierda radical en el poder.

La repartición de los recursos del Estado conlleva el objetivo de empobrecer a los ciudadanos mediante guillotinas impositivas y enriquecer el aparato estatal con visos de establecer una Venezuela en Europa, tal y como debió acordarse en el Foro de Sao Paulo al que son afines, como «delcylucrados», los componentes bolivarianos en asociación con el traidor monclovita.

El independentismo es otro ariete estratégico al que se le ha facilitado una falsa conversión democrática con el fin último de acceder, incluso, a los secretos del Estado.

Los pagos a los medios de comunicación prostituidos, así como el intervencionismo en la judicatura son pilares indispensables para manipular y favorecer la intromisión de los enemigos de España a los destinos torcidos que han pergueñado con engaños desde que Pedro Sánchez accedió ilegítimamente, mentira tras mentira, a la sucia presidencia que se dirige al embudo de las evidencias netamente delictivas. Así pues, el Centro Nacional de Inteligencia supone un riesgo si no es intoxicado por el gregarismo imperante.

Este último episodio de espionaje desde el CNI, en principio contra los independentistas catalanes para después extenderlo al propio Sánchez o a la ministra de Defensa, Margarita Robles, parece una estratagema articulada en algún despacho, una más de tantas, con el fin de desacreditar al Centro Nacional de Inteligencia, siendo objetivo principal depurar con fines gregarios a su actual directiva, así como a los profesionales independientes que cumplen con integridad el trabajo de velar por la Seguridad Nacional.
Asimismo, tanto debe escocer la política exterior, o las prebendas acordadas con los enemigos internos, que hasta quizá no sea conveniente que funcionarios íntegros conozcan tantos trapos sucios imposibles de esconder, si no es con la complicidad del silencio o la aquiescencia con el seguro plan de desestructuración que este desgobierno pretende a espaldas de la mayoría de los ciudadanos.
Del mismo modo que se intentó engañar en tantas ocasiones a la opinión pública para demonizar a la oposición política, estos torpes pero muy sucios cizañeros han puesto por objetivo cada institución buscando intoxicarlas y convertirlas en cómplices de oscurantistas propósitos, con rocambolescas manipulaciones que han dado resultado hasta en el objetivo de atentar contra la propia jefatura del Estado.
Recapitulemos: salta la liebre con la denuncia de los catalanistas que indignados se pronuncian contra el CNI por haber sido espiados siendo una amenaza contra la Seguridad Nacional. Felix Bolaños comunica en rueda de prensa que Sánchez y Robles fueron también espiados.
De esta conjunta acción, aliada en la mendacidad de unos y del otro, se colige entonces que el CNI espía sin control de modo que supone una amenaza para la propia democracia. En consecuencia urge descabezar a sus dirigentes, siendo excusa perfecta para que el asalto se consuma sin escándalos, justificada la renovación que implicará el control absoluto del sectarismo sanchista, tal y como supuso, verbigracia, el nombramiento de Dolores Delgado al frente todavía de la Fiscalía General.
El intento de desprestigiar al CNI huele a Sánchez y a sus cómplices, a paripé y teatro de traición, una vez más.
Veremos cómo escenifican los próximos capítulos, ya escritos de antemano, de asalto al CNI para cegar a España frente a sus riesgos múltiples provocados desde La Moncloa.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )