AHORA, TOCA

» Eso, no toca «, decía Jordi Pujol, ejerciendo la censura previa en las ruedas de prensa, con el autoritarismo de los patriarcas. Eran los tiempos en que no nos habíamos enterado de que el moisés moderno del secesionismo catalán era, en realidad, un Alí Babá al que acompañaban puede que algo menos de cuarenta ladrones, pero mucho más eficaces.

Y, desde luego, cuando el PP y el PSOE hablaban con Pujol la palabra España se sustituía por eufemismos diversos, como país, o Administración y Estado, siempre con mayúsculas.

Pero en la izquierda, sobre todo a la izquierda de la socialdemocracia, y en algunos sectores montaraces del PSOE, el término España les sonaba -y les suena- rancio. Es cierto que la Dictadura se apropió de todas las señas de identidad -desde el Ejército hasta el pasodoble, desde la bandera hasta la zarzuela- y todavía, hoy, cualquiera que se pone un simple polo o suéter en el que aparezcan los colores de la bandera española -esa bandera con la que nos reconocen todas las naciones de la Unión Europea, y del resto del planeta- es observado como un acérrimo entusiasta de Vox.

Felipe González jamás tuvo dificultades para hablar de España, que es el término exacto, sin embargo todavía hay secuelas de que para ser un progre de provecho tienes que hacer ascos a la bandera, a los toros, al chuletón a la brasa, incluso observar con un poco de repugnancia a esas parejas heterosexuales capaces de traer tres hijos a este mundo, cuando hay gente estupenda que sólo adopta, como los gais y lesbianas, y admirables veganos que jamás atacarían un solomillo en su punto.

Además, los socialistas coetáneos de ahora mismo se han tenido que aupar sobre los hombros de los separatistas para llegar al Gobierno, y hasta hace una semana, sacaban el papel de fumar para coger la palabra España, no sea que les viera algún empleado del valido Torra.

Sólo se muestran desinhibidos, cuando al final de los anuncios de propaganda, pagada con nuestro dinero, donde nos indican las buenas cosas que hacen por nosotros para que seamos felices, concluyen la publicidad con el siguiente eslogan: «Ministerio de Tal o Cual. Gobierno de España». Naturalmente que es el Gobierno de España, no va a ser de la Serenísima República de San Marino, del Principado de Andorra o de los Estados Unidos de América.

Ahora, toca. Ahora, estamos en campaña electoral oficiosa y las encuestas dicen que la mayoría de los españoles, empadronados en los diferentes registros civiles, se sienten humillados antes esos chicos caprichosos, que unos días nos dicen que les robamos y, otros, empleando nuestro dinero, se lo gastan en hablar mal en otros países, con lo difícil que resulta, en condiciones normales, exportar.

Así que la palabra España ya no es cosa de fachas, conservadores, casposos, ultraderechista y gente de parecida especie, sino que la acaba de descubrir Pedro Sánchez como promotora de votos. Naturalmente, de esta nueva vocación españolista están libres y tienen bula, tanto Iceta, en Cataluña, como Chivite, en Navarra, no sea que se enfaden los golpistas catalanes o el club de palmeros de ETA, denominado Bildu para los telegramas. Ahora, toca. Claro que si hay que pactar con los golpistas, siempre podremos volver a hablar de país, Estado o Administración.

Luis del Val ( ABC )

viñeta de Linda Galmor