AIR SÁNCHEZ

Gracias a la portavoz y ¡ministra de Educación! del Gobierno nos hemos enterado (¿) de que para pagar la extra de Navidad a los pensionistas el Gobierno del doctor Sánchez ha pedido un crédito de «seis mil trescientos treinta noventa miles de millones de euros» (sic), lo que a lo mejor se podría traducir como 630 billones de euros, unas ocho veces el PIB mundial. Hombre, es cierto que en España crece exponencialmente el número de pensionistas (unos 100.000 más cada año), pero al «Gobierno de expertos» se le está yendo la mano con su grandilocuencia benefactora. Veamos…

También esta semana ha anunciado el Gabinete que va a terminar con las emisiones de CO2 y que convertirá todo el parque automovilístico en eléctrico antes que ningún país que lo tenga previsto. Se acabaron las emisiones nocivas para la atmósfera, ni un motor de combustión, ni siquiera híbrido, en veinte años. Teniendo en cuenta que mientras británicos y franceses ya han invertido este año 2.500 millones de euros en la conversión eléctrica y España cero euros, la gesta ecologista del Ejecutivo de Sánchez será realmente admirable. Es desconcertante, casi desolador, confrontar tanta palabrería con la verdad de los hechos.

Pues parece que no soplan por ahí los vientos y el anuncio de los coches totalmente limpios solo es un capítulo más del cuento de la lechera que está escribiendo el Gobierno de los 84 diputados. Porque ese entusiasmo por las «emisiones cero», por no contaminar nada, se esfuma al comprobar que el próximo miércoles, Sánchez y sus ministros movilizarán un helicóptero, un Falcon y un Airbus para ir de Madrid a Valladolid, donde se celebrará una cumbre bilateral con Portugal.

El líder socialista ya está lustrando las gafas de sol, porque del avión oficial no hay quien le baje. De hecho, solo en cinco meses ha agotado el presupuesto anual para dietas de las tripulaciones del 45 Grupo de la Fuerza Aérea. Habrá que pedir otro crédito de aquí a fin de año (atención Celaá) porque desde el viaje con Begoña para ver a «The Killers» en el festival de Benicasin, lo de Sánchez y el avión oficial es más que un idilio.

Una hora y cinco minutos tarda el AVE, a un precio medio 33,66 euros el billete, en recorrer los 160 kilómetros que separan Madrid de Valladolid por vía férrea. Poco más de una hora y ni un microgramo de gases o partículas nocivas que provoquen efecto invernadero. Nada, todo limpio. Sí contamina, por ejemplo, el helicóptero Superpuma que el presidente va a coger para ir de La Moncloa a la base de Torrejón, un trayecto que en coche (eléctrico, por supuesto) apenas supera los veinte minutos. Y también contaminan el Falcon y el Airbus, ida y vuelta.

Fascinado por los políticos americanos, parece que Sánchez, un experto en la copia, estuviera plagiando a Al Gore, quien tras perder las elecciones ante Bush hijo se convirtió en un apóstol de la ecología. Hasta el Nobel de la Paz le dieron. Para presentar su documental «Una verdad incómoda» y dar conferencias en las que denunciaba el cambio climático producto de la contaminación humana, cruzó el Atlántico y recorrió medio mundo en su avión privado. Un avión en el que viajaban dos pasajeros. Otra verdad incómoda que no salía en el bonito documental ni sale en los proyectos de ley ecológicos de «Air Sánchez».

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor