La decisión o el compromiso de indultar a los políticos catalanes condenados por sedición sitúa al Gobierno al borde del precipicio. O del barranco, como dice Iván Redondo. Pedro Sánchez tiene muy difícil salida. Si mantiene los indultos contra viento y marea, incluido el rechazo de los históricos de su partido, de los dirigentes regionales y de una parte significativa de su electorado, se expone a perder el poder –España empieza a ser en esto una olla a presión contra él– y si recula ahora, también.

Se quedaría desnudo, a la intemperie. La ayuda imprescindible de los nacionalistas catalanes y vascos se disiparía y la poca fe que le tienen sus socios de Gobierno daría paso al desprecio y al acoso inmisericorde. El presidente del Gobierno se convertiría en un zombi engreído, fuera de la realidad, subido al Falcon o al helicóptero. Ya está pasando. Iván Redondo, con la lealtad y la clarividencia que le caracterizan, ha anunciado ya que está dispuesto a arrojarse con él al precipicio.

El malestar popular contra el «sanchismo» va en aumento. La autoridad de este Gobierno está por los suelos, según todos los indicios. Sólo un botón de muestra en un caso muy sensible de la vida real: el de las vacunas. Los de la segunda dosis han despreciado el consejo oficial de que fuera con Pfizer y la mayoría ha preferido repetir con la marca primera a pesar de los riesgos aireados desde el Gobierno.

¿Cabe mayor descrédito de la autoridad sanitaria? ¿Hacía falta para eso un comité de bioética? Es inútil que La Moncloa pretenda reducir la multitudinaria protesta popular que se avecina a una reproducción en papel sepia de la «foto de Colón», que tanto juego le dio en las pasadas elecciones.

Me parece que el espantajo del miedo a la extrema derecha ha dejado de tener, con la que está cayendo, una significativa influencia electoral. La gente ha comprendido que es una caricatura de la realidad, una añagaza.

El malestar popular con este Gobierno es general, nace de la calle, de las tiendas y de los bares, como se vio en Madrid, resuena en los altos despachos, presenta un amplio espectro ideológico, incluye a notables sectores de la izquierda y parece imparable. ¡Cuidado con el barranco!

El pueblo no comprende los compromisos de Pedro Sánchez con los enemigos de la Constitución, de la Monarquía y de la unidad nacional.

Abel Hernandez ( La Razón )