AL FINAL, TODOS TERRORISTAS MENOS OTEGUI Y EL PADRE DE IGLESIAS

A cuenta del revuelo de esta semana en las Cortes, este batallón se ha entretenido en buscar a quienes a lo largo de los últimos años Pablo Iglesias ha calificado de terroristas en público, que en privado eso debe ser un festival.

No es precisamente como ir a un pajar a buscar una aguja pues en los últimos seis años se hallan en las hemerotecas y videotecas decenas de personas a las que el hoy el vicepresidente segundo del Gobierno ha acusado directamente o equiparado con el «oficio» de pistolero de una banda armada.

A la cabeza de todos, Felipe González, una auténtica obsesión para él, porque en hasta tres ocasiones lo ha hecho desde 2016, una de ellas incluso en sede parlamentaria («Felipe González tiene el pasado manchado de cal viva») lo que motivó la queja del que hoy es su gran mentor político, Pedro Sánchez, el mismo que ahora, pelillos a la mar, ha colocado a Iglesias en La Moncloa sin que en todo este tiempo se haya retractado.

De hecho en 2017 volvió con el tole-tole inventándose incluso que González «ha reconocido que era el jefe de una organización terrorista». Tampoco el PSOE de Sánchez se ha querellado nunca contra Iglesias por asociar la sigla a las metralletas, la extorsión y los coches-bomba.

Naturalmente, también ha acusado de terrorista a Mariano Rajoy, incluso en su emisora de televisión ha comparado al PP con una banda terrorista, en un sketch en el que un dirigente del partido aparecía encapuchado diciendo toda clase de barbaridades presuntamente jocosas.

Fuera de la política, también Pablo Iglesias ha comparado con terroristas a Amancio Ortega, fundador de Inditex, «porque es el tercer hombre más rico del mundo y en España hay mucho paro»; a Juan Roig, presidente de Mercadona, por decir que hay que trabajar más; a Rodrigo Rato por dar conferencias; a las compañías eléctricas, vaya usted a saber por qué; al sector financiero…

Hubo años en los que no había quien se escapase del catálogo de sicarios del terror que a Iglesias le ronda la cabeza, que ríete tú de la lista de bandas criminales que maneja la Unión Europea, son un breviario comparado con las personas o entidades a las que el líder podemita ha equiparado con terroristas.

Visto lo visto, al final en España va a haber casi más terroristas que fascistas (su otra gran especialidad en el conteo) hasta tal punto que parece que solo se salvan su señor padre, pese a que militó en el FRAP, y Arnaldo Otegui, cuyo currículum criminal habla por sí solo.

Lean a Pablo Iglesias, el que el otro se quejaba en las Cortes, vistiendo con la toga y las antiparras de Gandhi al conspicuo exsecuestrador, multirreincidente en sus andanzas. «Sin personas como Arnaldo Otegui no habría paz».

Eso después de 829 asesinatos (más de 300 aún sin resolver), decenas de miles de heridos, 77 secuestrados (la especialidad de Otegui) y alrededor de 10.000 extorsionados, todo ello durante medio siglo de terror, crímenes por los que ese «príncipe de la paz» de pacotilla, actual jefe del cotarro proetarra, nunca ha pedido perdón.

Álvaro Martínez ( El Correo de España )