AL MENOS QUE NOS AHORRE LO DEL TRAJE

Justo cuando la movilización separatista pasa por sus peores momentos (y cifras) desde 2012, llega Ada Colau -experta en el arte del escrache y el acoso coactivo callejero- con la bombona de oxígeno para reavivar el mortecino movimiento de los lacitos amarillos.

Ayer, el Ayuntamiento de Barcelona, con el voto del partido de la alcaldesa populista, aprobó a propuesta de ERC enrolar al ayuntamiento en la movilización callejera si la sentencia que ultima el Tribunal Supremo resulta condenatoria para los golpistas del 1-O.

Lo cierto es que a estas alturas Colau no engaña a nadie toda vez que sus coqueteos con la estrategia de los separatistas le han hecho parecer una más de la «banda del lazo» en muchas ocasiones. Sin ir más lejos, le faltó tiempo para colgar el lazo de la fachada del ayuntamiento. Fue pactar con el PSC, su socio preferente, y ya estaba atándolo al balcón.

Así que cuando haya sentencia y de forma «inmediata», el Consistorio barcelonés «trabajará con el resto de instituciones y sociedad civil del país [imaginamos que se refiere a Cataluña, que no es un país, pero bueno] para encontrar soluciones para conseguir la libertad de los presos políticos y hacer una llamada a la movilización ciudadana a favor de los derechos y libertades».

El resto del acuerdo es un disparate que ni a Rufián, el de la impresora portátil y las esposas en el escaño, se le ocurre. Casi hasta da vergüenza leerlo, pues pinta los derechos en España como los de la Camboya de Pol Pot.

Colau saca del armario aquel traje de superheroína antidesahucios (que también era amarillo) y se pone, codo con codo, con Torra, el fugado en Waterloo, los simpáticos muchachotes de los CDR y el resto de esos grandes demócratas, escrupulosos cumplidores de la ley, para incendiar las calles de Barcelona desde el ayuntamiento si la sentencia es condenatoria.

Hace tiempo que es inútil pedir a la dirigente populista una brizna de responsabilidad, es mucho más fácil pedir peras a un olmo. Preventivamente, Colau, alcaldesa del segundo ayuntamiento de España, se rebela contra la Justicia.

Es misión imposible atraerla al sentido común, va con los golpistas. Lo único que se le puede pedir es que, por amor de Dios, al menos no se ponga aquel trajecito.

Álvaro Martínez ( ABC )