AL SON DE TORRA Y DEMÁS RALEA

Triste papelón el de Pedro Sánchez, bailando al son que le marcan Torra, Puigdemont, Junqueras y demás ralea independentista. ¿Tanto vale la poltrona como para humillar al Gobierno de España sometiéndolo al chantaje de un grupo de delincuentes? Porque eso es lo que son los citados elementos: individuos condenados por transgredir las leyes que nos hemos dado los ciudadanos con absoluta libertad.

Cargos públicos pagados con dinero de nuestros bolsillos, que han utilizado su poder para desafiar al Estado de Derecho y se han dado de bruces con la Justicia, impecablemente respetuosa con las garantías que brinda a cualquier acusado una democracia como la española. Malhechores.

En el caso de Torra, la inhabilitación dictada contra él como respuesta a su desobediencia no es todavía firme, a la espera de una resolución del Supremo, aunque ha pesado lo suficiente como para que el Parlamento de Cataluña, en manos de ERC, le desposeyera de su escaño.

Su presidencia es, más que nunca, de cartón piedra. Siempre ha sido un títere del prófugo de Waterloo y ahora, tras anunciar él mismo el fin de la legislatura y la inminente convocatoria de elecciones autonómicas, no solo es una marioneta manejada por un cobarde huido en el interior de un maletero, sino un cadáver político.

Un muerto viviente sin nada que perder, con una consideración de sí mismo muy superior a la que correspondería a sus méritos y un apetito de martirio semejante al de Junqueras. Ése es el personaje ante el cual va a inclinarse Sánchez el seis de febrero en Barcelona.

En nombre de ese «diálogo» sacrosanto que no se le cae de la boca y carece de sentido más allá del voluntarismo estéril, dado que la otra parte contratante proclama a los cuatro vientos su determinación de reincidir en el delito cuantas veces hagan falta hasta lograr su propósito, Sánchez se dispone a compartir mesa de negociación con ese zombi porque así se lo exigieron sus socios de Esquerra como requisito indispensable para abstenerse en su investidura y seguir hablando de futuros precios. Ni más ni menos.

Dudo que alguien en La Moncloa espere algo positivo de un encuentro semejante, cuyo interlocutor va cargado de plomo en las alas por la inhabilitación dictada contra él y, a una semana del «día D», muestra su voluntad de entendimiento lanzando desde el atril su habitual grito de guerra: «Hay que avanzar para culminar la independencia».

Si el todopoderoso Iván Redondo es tan inteligente como se dice, sabrá que su pupilo va a la Ciudad Condal con el único fin de brindar a los sediciosos una fotografía digna de inaugurar su campaña.

La del jefe del Ejecutivo español agachando el testuz ante un «president» de dudosa legitimidad, envalentonado ante su irreversible final político, ansioso por pasar a la historia como un mártir de la causa separatista y decidido a quedarse a gusto haciéndole tragar toda la basura propagandística que se le pase por la cabeza.

¡Por cierto! ¿Se dignará Torra a dirigirse a Sánchez en la «lengua de las bestias», según definió al español/castellano, o recurrirán a un intérprete para mantener la entrevista? ¿Y Sánchez, dará la mano como si tal cosa a quien consideraba hace unos meses «el Le Pen español»?

Triste y vergonzoso papel el de quien está dispuesto a traicionar todo aquello que dijo creer, todo aquello que dice servir, con tal de mantenerse a flote. El poder corrompe, no cabe duda, cuando todo vale para conseguirlo.

Isabel San Sebastián (ABC )

viñeta de Linda Galmor