ALARMAS ECONÓMICAS

La diferencia entre el ambiente que se vivía en los años de la Transición y el actual es que, entonces, todos queríamos que a España le fuese bien, mientras que ahora hay muchos grupos que entienden que, cuanto peor, mejor.

Con toda humildad, yo sigo militando entre aquellos que deseamos que nuestro país vaya lo mejor posible y caiga la mejor bonanza para el vecino. Por eso me preocupa el goteo de malos datos que se deslizan sobre la economía española.

El Gobierno rebaja la previsión de crecimiento, Vodafone anuncia un ERE, Ford amaga con otro, el ministro de Finanzas alemán comunica el fin de las vacas gordas y la incertidumbre política reinante poco ayuda para abordar proyectos ambiciosos en los próximos años.

No me alegra nada. Cuando las cuentas generales van mal, nos afecta a todos. Este ejercicio todavía vamos a crecer.

Lo que hace falta saber es si este Gobierno está en condiciones de afrontar un frenazo serio de la actividad económica y aplica las recetas adecuadas o, por el contrario, seguiremos de ocurrencia en ocurrencia hasta una dolorosa crisis de cuyas consecuencias aún tenemos memoria reciente.

El Astrolabio ( ABC )