” ALEA JACTA EST ”

¿Debería haberse aplicado el artículo 155 con anterioridad? Son muchos quienes lo piensan. Yo mismo, hasta hace unos días, lo pensaba. Obvio es aclarar que recurro al pretérito imperfecto porque he cambiado de opinión. En el catecismo que aprendí de niño -nada que ver con el Libro Rojo que ahora aplica el Papa Paco- se decía que las virtudes cardinales son cuatro: justicia, prudencia, fortaleza y templanza.

A ellas me remito no sólo para aplaudir la medida que ayer tomó el Ejecutivo, sino también para reconocer que el Jefe del Gobierno, sea cual sea el juicio que merezca el resto de su gestión, nos ha impartido una lección a los impacientes y ha sabido dar un paso tras otro, sin prisa, sin pausa, con sigilo de piel roja que aplica el oído al suelo para medir la distancia que lo separa de las pezuñas de los bisontes, con precisión de relojero suizo que ajusta los tornillos de su artilugio y con tino de cirujano que opera a corazón abierto sin detener el tictac de su paciente. ¿Me excedo en el elogio?

No lo creo, pero sírvame de disculpa, si así fuese, la gravedad de la situación que los necionalistas del Procés han desencadenado en el país, en la Unión Europea y, sobre todo, en Cataluña. Necionalistas, digo, con e de estupidez, pues necios son, a estas alturas de la historia universal, los nacionalismos, vengan de donde vengan y vayan adonde vayan. Lo que más irrita en el conflicto inútil creado por el Gobierno de la Generalidad es la idiocia de sus palmeros y dinamiteros. Idiotas, en efecto, hay que ser para confundir la libertad con el totalitarismo, la felicidad con el nominalismo y la prosperidad con el tercermundismo. Cabría perdonarlos esgrimiendo la vieja coartada del “no saben lo que hacen”, pero sería caridad y aún no ha llegado el momento de pasar de las virtudes cardinales a las teologales.

Patrimonio del alma son éstas, como el honor del alcalde de Zalamea, pero al quehacer de los políticos le basta con las cardinales. Si Rajoy hubiese desempolvado el 155 antes de que los secesionistas se quitaran la careta, lo habrían molido a reproches muchos de quienes hoy respaldan tal medida. Julio César calculó el momento exacto en el que podía y debía cruzar el Rubicón.

Sólo entonces lo cruzó. Veni, vidi, vici, dijo tras la batalla de Zela. Rajoy lo ha hecho. Le felicito, Presidente, en nombre de todos los españoles, catalanes sensatos incluidos y podemitas delirantes excluidos. In you we trust.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )