ALEMANIA: CABLE DE ACERO

Se lee en el capítulo 54 del Quijote que Ricote el morisco, tendero del pueblo de Sancho, perseguido por la justicia, se había disfrazado de alemán o tudesco. Se reconocieron los dos aldeanos; los fugitivos sacaron la bota y le decían al escudero: “Español y tudesqui, tutto uno: bon compaño“. Y Sancho respondía: “Bon compaño, jura Di!“. Buenos compañeros de los constitucionalistas españoles han sido los alemanes, esos que sólo son peligrosos si desfilan. La Fiscalía de Schleswig-Holstein mantiene en prisión a Puigdemont por riesgo de fuga y ha pedido a su Audiencia la extradición del prófugo por rebelión, por celebrar un referéndum contrario a la Constitución y por malversación de caudales públicos. Según ese Ministerio Público, la conducta del ex presidente tiene correspondencia con el delito de alta traición recogido en artículos de su Carta Magna.

“Alemania no es la democracia bonita. Francia sí es una democracia bonita. El cable que nos echó Macron es elegante; el de Merkel es de acero, inoxidable, irrompible, duradero. Alemania es un un país seguro. Dará la cara por España en la UE y a partir de ahora ningún país de Europa se atreverá a discutir el modelo constitucional español y la manera de defenderlo”. Eso me dice el eurodiputado jefe, Esteban González Pons desde Bruselas. Alemania nos ha echado una boya de salvamento, pero la situación política sigue crispada con Mariano Rajoy agarrado al timón para no no ser engullido.

Ha llevado los Presupuestos al Congreso, sin saber si al final el PNV le va a apoyar. Para aprobarlos, el Gobierno de España tendría que seguir como siempre a merced de un partido nacionalista. El 155 no se puede anular mientras en Cataluña haya vacío de poder y los socialistas no quieren ser otra vez el ejército de salvación; tienen la tentación de urdir una moción de censura para echar a Cristina Cifuentes de la Comunidad con el resultado de ruina para el PP que perdería la última batalla de Madrid. Si convoca elecciones, Ciudadanos arrasaría, o no; lo esencial es que en Cataluña sigue y se agrava la revuelta. Lo que estamos viviendo allí es una insurrección.

Las palabras no son siempre las grandes enemigas de la realidad; a veces la reflejan bien como cuando expresan que una insurrección es un acto de violencia para tomar el poder. La insurrección suele ser roja; últimamente puede ser de color naranja o amarillo, al estilo de Ucrania. Esa es la que han copiado los separatistas catalanes mirando los vídeos de las manifestaciones en la plaza Maidán, para hacer propaganda. Ahora los que asaltan los peajes ataviados de guerrilleros han dejado el color naranja o amarillo para protagonizar una insurrección que ya no es burguesa.

Raúl del Pozo ( El Mundo )