ALIANZA DESTRUCTIVA CONTRA ESPAÑA

Lo que debía ser una comparecencia institucional de Pedro Sánchez para dar cuenta de las negociaciones sobre el Brexit, o la venta de armamento a Arabia Saudí, se convirtió ayer en un bronco minidebate sobre el Estado de la Nación que puso de manifiesto el severo enquistamiento de las relaciones entre el Gobierno por un lado, y PP y Ciudadanos por otro, y las primeras diferencias de Sánchez con Podemos, que vuelven a sembrar dudas sobre la aprobación de los Presupuestos.

Pero además, el debate fue una exhibición del encanallamiento en que se ha instalado la política una vez que Sánchez se reafirmó en su teoría del apaciguamiento y las cesiones al independentismo frente a la acusación que le hizo Pablo Casado de ser partícipe del golpe de Estado del separatismo catalán. En efecto, Sánchez podrá simular cuanto quiera, pero no puede olvidar que es presidente gracias a los partidos que quieren romper España. Y eso es tan cierto como que este PSOE sin valores se ha desvinculado del bloque constitucionalista como pago del chantaje a que es sometido para sobrevivir en el poder a toda costa, sin convocar elecciones.

La doble vara de medir de Sánchez en el debate fue evidente: mientras suscribía con un silencio cómplice, y sin réplica institucional, la acusación que hizo el portavoz de ERC a Casado de querer «fusilar» a los independentistas, sobreactuó exigiendo al líder del PP retractarse por asegurar que, en efecto, actúa como partícipe de la estrategia golpista del nacionalismo y rompiendo las relaciones con él. Sánchez no necesita actuar más: las relaciones entre PP y PSOE se rompieron con la moción de censura, y no ayer.

La extrema izquierda ha arrastrado a un sumiso Sánchez a un terreno que no le conviene a España. Ya lo avisó Pablo Iglesias días atrás, cuando admitió tras reunirse con los golpistas que hay que «cuidar» al Gobierno nacido de la moción. Ayer se reafirmó exigiendo un «frente antifascista», como si en España existiese otro autoritarismo excluyente que el representado por Podemos con su proyecto.

Por eso, ERC, partido vinculado en su día a una organización terrorista, se permite acusar a dirigentes demócratas de querer fusilamientos, o Bildu exhibe todo su cinismo hablando de derechos humanos. En efecto, «cuidar» a Sánchez tiene un altísimo precio: rendirse al golpismo, mentir al ciudadano sin rubor, forzar una subida de impuestos masiva, poner en jaque la monarquía parlamentaria, presumir de ministros corruptos y romper los consensos de la Transición.

A su izquierda, Sánchez reclama «altura de miras» para justificar su oportunista contradicción con la venta de armas a Arabia, y a su derecha exige al PP una «moderación» que nunca reclama a ERC. Si hay algo de lo que Sánchez carece es de altura de miras y moderación, porque, en su condición de rehén voluntario y solícito de sus socios, lidera una alianza muy destructiva.

ABC

viñeta de Linda Galmor