ALIANZA PP-VOX

Tal vez no sea posible porque los personalismos juegan un papel dominante en la vida política. Antonio Pérez, que hablaba en español con Isabel I, la Reina virgen, le dijo que su defenestración se debía a las rencillas personales entre los hombres que rodeaban a Felipe II, Rey de España y de Portugal, dueño del mundo. Gregorio Marañón, que convertía en lago tranquilo las aguas emborrascadas de las disputas políticas, así lo avala.

La ley d’Hondt aconseja que el Partido Popular y Vox se presenten aliados a las elecciones del 28 de abril para abaratar el número de electores por diputado. Al Partido Comunista (Izquierda Unida) le costó cada uno de los dos diputados conseguidos en las elecciones generales de 2011, cerca de medio millón de votantes. Mariano Rajoy se alzó con 186 diputados y cada uno supuso poco más de 40.000 electores.

La ley d’Hondt es implacable y si no se tiene en cuenta se podría reproducir en el asalto a La Moncloa la situación actual con la suma del PSOE, Podemos y los secesionistas catalanes y vascos. La alianza del Partido Popular y Vox, con listas comunes, en las que los populares concedieran a Abascal una veintena de diputados, podría enderezar la situación. Y, en todo caso, que el PSOE necesitara a Ciudadanos para gobernar. Eso es, por cierto, a lo que aspiran algunos empresarios de máximo relieve. Se quebraría la tentación de Sánchez de escorarse hacia la extrema izquierda y el PSOE volvería a ser una socialdemocracia a la europea robusteciendo la estabilidad española.

No parece fácil el acuerdo entre Pablo Casado y Santiago Abascal. Las críticas de la izquierda desencadenarían una agria tormenta de descalificaciones, a las que tal vez no sería ajeno Albert Rivera. Pero es lo que hay. Si se presentaran desunidos, la suma de diputados del Partido Popular, Ciudadanos y Vox no alcanzaría, según las actuales encuestas, los 175 escaños, si bien las cosas pueden cambiar en los próximos dos meses.

La sociedad española quedaría a la intemperie y se podría reproducir la situación actual con las exigencias cada vez más radicales de los secesionistas que quieren separar a Cataluña de España. La sombra de la extrema izquierda se alarga sobre el mapa español. Solo si los partidos, incluido el PSOE, pensaran más en el interés general que en el partidista, se podrá reconducir una situación agriamente alarmante.

Luis María Anson ( El Mundo )