Seamos justos por más que nos duela en esta ocasión. A cada cual lo suyo, que eso es la justicia en definición, no superada, del gran jurista Ulpiano: “Perpetua y constante voluntad de dar a cada uno su derecho”. Esto es, lo que es propio de suyo, lo que a cada uno le pertenece.

A lo que yo agregaría, aunque nos JODA. Porqué si nos JODE, esa perpetua y constante voluntad se convierte en virtud. Y si somos virtuosos, o estamos en camino de serlo, somos o estamos en camino de ser santos. Meta última de nuestra existencia humana.

A cada cual lo suyo, decimos. Incluso a Pablo Manuel Iglesias, el hijo de ex miembro del grupo marxista terrorista FRAP, “camarada Peláez”, a cuyo hijo hay que reconocer su capacidad, pese a lo poco que es en todo su ser natural, para imponer un modelo político que nos lleva a la ruina como nación.

Un modelo suicida, porque suicida es que se cuente para gobernar España con independentistas y terroristas, al margen de ser una canallada. Así, pues, y al margen de estas consideraciones, admitamos la capacidad del camarada Turrión, o Turrón, que en esto puede haber discrepancias, para poner a todo un país patas arriba, y eso que todavía el andóbal tiene recorrido. Recorrido, naturalmente, porque no se le para, y en seco.

Para empezar tengamos en cuenta su estrategia para planificar, dar cohesión y poner en funcionamiento de activismo radical a toda esa pléyade variopinta que es PODEMOS, a esas gentes, mayormente de la marginalidad, a las que ha logrado acaudillar un tipo que para nada tiene las cualidades que se suponen a un líder de masas. Comenzando porque no tiene voz, sino vocecita.

 En segundo lugar, reconozcamos su apuesta calculada por la contestación frontal hasta el punto de rebasar el límite de lo legalmente permitido, consciente, como era, de que no iba a pasarle nada por la pusilanimidad de un régimen, el régimen del 78, que lo ha consentido todo.

Y tanto era su conocimiento del estado de la nación, que su irrupción se vio necesaria por una gran parte de la sociedad, y su figura, ¡que ya les vale!, digna de llevarse a todas las televisiones, que eso fue su plataforma de lanzamiento: sus banderines de enganche.

Y como no hay dos sin tres, en tercer lugar, su conocimiento de la descomposición del Estado, de la clase política y de la sociedad civil en general, para ponerse a trabajar, y con absoluto desparpajo, en la liquidación del Estado de Derecho y después destruir España.

Es natural que quienes en el futuro quieran conseguir el poder para hacer lo que les venga en gana, incluso lo peor y más abyecto, tenga como espejo a este fulano, y digan con total propiedad…

Aló, comandante Iglesias.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )