ALQUIMIAS POLÍTICAS

Eran cinco y serán seis: la presentación en sociedad de la formación liderada por Íñigo Errejón ensancha aún más si cabe nuestro sistema de partidos e introduce nuevas incógnitas acerca de la distribución de escaños en un parlamento cada vez más fragmentado. ¡No ganamos para sustos! Pero la ocasión lo es todo: el fracaso de la investidura permite a Errejón presentarse ante el votante de izquierda como el alquimista capaz de transformar su desengaño en ilusión.

Cabe preguntarse por qué esos votantes habrían de prestar su apoyo a una formación que nace ya con la vocación confesa de apoyar al líder socialista. Pero la respuesta es sencilla: Errejón no es Sánchez. Votar al primero hace posible regañar al segundo sin comprometer -al menos en principio- la candidatura del hoy presidente en funciones. Errejón es ahora un núcleo irradiador de emociones positivas: solo se le conocen palabras, intenciones, futuro.

Eso le permite simbolizar la pura potencia: esa posibilidad de crear algo nuevo que para Hannah Arendt constituía la esencia misma de la acción política. Cuál sea la relación que esta imagen guarde con la realidad, evidentemente, no tiene ninguna importancia; son las percepciones las que nos mueven.

Por lo demás, no sabemos hasta qué punto su discurso político recuperará aquel genuino populismo de izquierdas que fue sello del primer Podemos. Errejón aspiraba entonces nada menos que a «crear pueblo», forjando una nueva identidad popular a partir del malestar social causado por la crisis.

Parece que, sin crisis de por medio, eso ya no toca. Pero algo de aquello pervive en el nombre de su formación, que alude a un «país» que no es el paese de los italianos ni el pais del pujolismo, sino una entidad fantasmal todavía por construir.

Que no se haga mención a España, con perdón, facilita además sus alianzas con Compromís o Equo. Más desdibujada queda, por el momento, una opción ecologista que requiere tiempo: un partido verde a la europea no puede improvisarse.

Es dudoso que el viejo proyecto populista de Errejón pueda realizarse; el pluralismo de las sociedades avanzadas es más resistente de lo que parece. Otra cosa es que la intención a largo plazo no sea desbordar a la socialdemocracia, sino integrarse personalmente en ella. Ya lo veremos: aunque Errejón ha dicho que no quiere contribuir «a la telenovela» haciendo ruido en campaña, ya es uno de sus protagonistas.

Manuel Arias Maldonado ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor