ALTO VALOR SIMBÓLICO

Toda sociedad necesita políticas eficaces al servicio del bien común y también referentes ideales que la hagan reconocerse, que la reconcilien consigo misma y la impulsen a construir el futuro.

En una España fatigada y crispada, polarizada por la gestión de la pandemia y atemorizada ante la debacle económica que se dibuja en el horizonte, la presencia de los Reyes en sus diversas comunidades tiene un alto valor simbólico y tiende a romper el ciclo del pesimismo.

Ya han visitado Canarias, Baleares, Andalucía, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, pero ninguna región se verá privada de su presencia. Es preciso que así sea para la eficacia del mensaje. Don Felipe y Doña Leticia están pisando las calles y dejándose interpelar por la gente.

Están encontrándose también con empresarios y líderes sociales para conocer las apreturas y penalidades de esta circunstancia, pero también los proyectos que ahora, más que nunca, no deben quedar en dique seco. Están acercándose a los servicios públicos y a la iniciativa social, porque ambos tienen que darse la mano.

El Rey no está pronunciando grandes discursos, pero sí está diciendo palabras precisas y necesarias sobre nuestra unidad como nación, sobre la memoria de nuestros logros recientes, sobre la capacidad de sacrificio para contribuir a un empeño común.

La monarquía parlamentaria está especialmente dotada para transmitir con eficacia esos mensajes, y Don Felipe los comunica con sencillez y claridad, en un «cara a cara» que no resta empaque a su presencia. Este es un servicio de especial relevancia que presta la Corona en una coyuntura especialmente difícil.

Mientras algunas fuerzas centrífugas y disolventes erosionan nuestra vida común, podemos agradecer que Felipe VI se haga presente en las tierras de España como referencia de unidad, cohesión, perspectiva histórica y sentido de Estado.

José Luis Restán ( ABC )