AMANCIO ORTEGA

Envidia e ingratitud: nada nuevo. Dos materiales que llevan años cimentando el caduco y revanchista discurso de la extrema izquierda. Estaba claro que esa impostura de moderación de Iglesias Turrión, el líder podemita, era de cartón piedra.

Ha vuelto a confirmar el viejo aforismo de que «hay quien no agradece un favor, pero es mucho peor el que no lo perdona». Una parte de la sociedad pertenece a esa categoría de ingratos y envidiosos. Ojalá hubiese en España muchos Amancio Ortega.

Ya no porque puedan donar equipos médicos que valen millones de euros, sino por lo que aportan a la economía, al empleo y al progreso los emprendedores e innovadores como él. Honestamente, el dueño de Inditex no necesita defensa. La mayoría lo admira y otra gran parte le está agradecida.

Hoy, por ejemplo, la ciudad de La Coruña no podría entenderse sin la riqueza que genera y reparte la primera multinacional de la moda. Que casualmente reside en Galicia y paga allí cientos y cientos de millones. La extrema izquierda continúa con su casposa y cavernícola política de hacernos a todos pobres en lugar de celebrar que podemos ser ricos.

El Astrolabio ( ABC )