El programa en el que Evole entrevistó a Miguel Bosé, cumplió con uno de los objetivos primordiales de la televisión de hoy, que no consiste en formar ni en informar, sino en entretener… a los que no tienen nada mejor que hacer en la vida, ni conocen alternativas como ver una película o leer un buen libro. 

Pero no crean que les critico porque yo sí estuve atento a la pantalla para aprender de los locos que, según la tradición hablada en refranes, dicen su verdad, que no siempre es la verdad.

El debate que sobre si todo tiene cabida en una televisión es superfluo porque una sociedad madura puede ver cualquier exhibición supuestamente artística o divulgativa, siempre que un programa con restricciones no se emita en un horario infantil, pero salvo esa limitación,  en las parrillas de los distintos canales cabe el mal gusto, la chabacanería,  la propaganda política, el cotilleo sobre intimidades, los gritos histéricos de los de supuestos comunicadores con vocación de porteras  y la utilización de un altavoz que llega a millones de personas, por parte de ciudadanos invitados a contar lo que les venga en gana.

Uno de ellos ha sido Miguel Bosé, y ha hecho bien en hacer su performance, porque ni siquiera él está excluido del circo de las extravagancias ni de la hoguera de las vanidades, a la que le invitó Jordi Evole, que tiene un buen olfato para llevar a sus programas a gente atípica.

No hago un paralelismo entre el periodista catalán y el andaluz Jesús Quintero, que también convivía con locos, porque los que elegía el del Sur solo daban testimonio de sus limitaciones,  y no como  Miguel Bosé que se convierte en prescriptor de conciencias, ahora que, según dice, ya no se droga.

Sé que entre mis lectores hay algún negacionista, porque me lo ha hecho saber, y no seré yo quien cuestione el derecho a expresarse con libertad a quien opine  sobre cualquier asunto de una forma o la contraria, aunque para no quedarme en terreno de nadie diré que dentro de unos días me voy a vacunar y lo hago con la convicción personal de que es lo mejor y más responsable para mí y para las personas con las que me relaciono.

Hay muchos ciudadanos que solo tienen la televisión como medio para recibir información o desinformación, pero a todo el mundo le convendría saber que en asuntos tan trascendentes y universales como son las consecuencias de la pandemia que el mundo entero está sufriendo, las únicas voces que no han perdido su credibilidad son la de los científicos que no cantan, ni graban discos, ni dan espectáculos,  y para sostener sus tesis tienen como referencia algo muy parecido a una verdad demostrable.

Diego Armario