EL AMARILLO TRAE MAL FARIO

Decíamos ayer: “A Puigdemont se le acabó el carrete”. El ex president lo ha confirmado en la exclusiva de la gran Ana Rosa Quintana donde se reproducen los mensajes del prófugo de Flandes a Comín: “Esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado”. Desde que Molière palmó vestido de amarillo en la función El enfermo imaginario, ese color ha traído mal fario a los burlangas, a los cómicos, a los toreros y a los políticos. La Cataluña de lazos caqui hasta en los esqueletos de los árboles y en los asientos donde los diputados ponen su bullarengue, camina hacia el vacío legal, que no es sino paráfrasis del caos.

Puigdemont esta ya en las alcantarillas de la historia, pero el cisco continua. “Decir que el asunto de Cataluña está muy liado, que da miedo, ya no es suficiente. Es una crisis política, institucional, social, muy grave y de soluciones a largo plazo. Cada hora que pasa indica que lo más probable es que haya nuevas elecciones. También puede ser que propongan otro presidente, pero es difícil si no renuncia Puigdemont”. Eso comenta mi buena fuente en Barcelona, normalmente inspirada en el optimismo de la voluntad. Ahora ve el friso político sombrío. Mi amigo catalán rememora aquella Barcelona de la FAI.

Los intentos de ERC de volver con la sombra sobre los párpados a la senda constitucional ya están siendo desbaratados por el eje Junts per Catalunya y los antisistema. La derecha corrupta, ha terminado confluyendo con los de la CUP, asamblearios, partidarios de expoliar la catedral de Barcelona para convertirla en un economato. No sé por qué mi interlocutor se muestra tan pesimista cuando va a empezar el mambo, como profetizaron los antisistema.

El portavoz de la CUP, Carlos Riera, apoyó las movilizaciones y la rotura de los candados de la Ciudadela, donde los mossos disolvieron la manifestación a vergajazos. “Es la hora de la autorganización y la desobediencia civil -dijo- para dar fuerza a la desobediencia institucional”. Acusan a Roger Torrent, al que no le llega la camisa al cuerpo, de sumisión al Estado. Proponen, también, la desobediencia civil.

En la democracia populista de caudillos y líderes imprescindibles, entre la posverdad y los ciberataques, a los alcohólicos del poder les ha llegado el resacón y el pánico. Están a merced de los auténticos intransigentes. La política no tiene nada que ver con la moral, pero se ajusta al Derecho o acaba en el desmadre. Es que cuando los dioses aún no habían muerto, Plutarco habló del resplandor de la justicia. “¿Quién gobierna al que gobierna? Está claro, la ley, que reina sobre los mortales y los inmortales”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )