AMBICIÓN DE CIUDAD

Lo mejor que puede hacer un alcalde de los recién elegidos es ser ambicioso. La santa ambición no es pecado. Al contrario, puede ser el motor del éxito de una comunidad.

Los dos alcaldes más aclamados en las últimas elecciones -Estepona y Vigo- se caracterizan justo por ese afán de ir más lejos, de codiciar un futuro mejor. Han logrado hacer crecer el orgullo de pertenencia al territorio urbano que ellos lideran.

Por eso acierta Martínez-Almeida volviendo a recuperar el sueño olímpico de Madrid, hurtado en cuatro ocasiones, y ahora se sabe, además, que en las dos últimas con muy malas artes. Madrid vive una transformación positiva desde hace años.

Carmena trató, legítimamente y probablemente con buena intención, de convertirla en todo lo contrario de lo que tiene que ser una gran ciudad. El nuevo alcalde, también legítimamente y seguro con la misma buena intención, deberá retomar la senda de colocar a la capital de España entre las grandes ciudades del mundo.

Al mismo tiempo que hace de Madrid un lugar de convivencia y progreso. A España le falta un gran proyecto. Madrid ya lo tiene y cuenta con la santa ambición de su regidor.

El Astrolabio ( ABC )