ANÁLISIS DE UN ENCIERRO

Ya se vislumbra en un horizonte no muy lejano una cierta y distinta normalidad de comportamiento social a la que teníamos antes, cuando nuestras preocupaciones eran más variadas y menos angustiosas que las que nos acechan hoy. 

 Poco a poco la situación sanitaria parece que se va controlando y  comenzaremos a regresar paulatinamente a los escenarios laborales y sociales de antes, sin bajar a guardia ante un riesgo que no ha desparecido del todo.

A los médicos les queda mucho tajo porque a medida que baja la presión de los infectados y enfermos del Covid 19, emergen otras patologías  que no han podido ser convenientemente atendidas y subirá el pico de dolencias mentales consecuencia de la situación anómala que estamos padeciendo, desde la perspectiva social, económica, de convivencia y de interrogantes sin respuestas.

Nos ha pillado esta pandemia en unos de los peores momentos de nuestra historia y la estamos pasando sin los besos, los abrazos, los amigos, y otros desahogos que siempre nos han dado la vida en tiempos de desazón y tristeza, porque  esos gestos eran las  válvulas de escape naturales que teníamos a nuestro alcance, hasta que llegó esta condena.

La soledad y la lejanía nunca han sido buenas compañeras, pero si a eso añadimos que la alternativa que hemos tenido y tenemos en estos días son unas caras tristes y  huérfanas de empatía, incapaces de trasmitir un gesto de solidaridad y respeto por quienes se nos están muriendo, las lágrimas que la gente se traga  solo son recibos de deudas impagadas.

Menos mal que las nuevas fases de desconfinamiento previstas tendrán un  cierto efecto terapéutico y relajante para los niños, mujeres y hombres de los pueblos y ciudades de España, que recuperaremos no solo la libertad de movimiento sino también otros derechos sociales, cuya suspensión temporal ha servido para que en algunos casos se hayan excedido ciertos policías municipales de distintas ciudades a la hora de reprimir conductas.

No todo ha sido ni está siendo ejemplar porque frente a las conductas de generosidad de miles de hombres y mujeres que están dado su tiempo y su vida por los demás,   están los entristecidos patológicos y los malajes  del alma que no descansan ni en sueños.

Lo importante es regresar con la lección aprendida a un nuevo tiempo en los que no sobrará nadie, porque ha sido demasiad los que ya se han ido.

Diego Armario