Poco se imaginaban los confiados corruptos del PSOE andaluz que en dos elecciones les iban a devolver la pelota anteriormente encajada por Javier Arenas quien, ganando las elecciones andaluzas con holgura para el Partido Popular, hubo de aceptar democráticamente que el muerto viviente socialista siguiera gobernando, pese a la peste, gracias a la falta de escrúpulos de el justamente desaparecido Ciudadanos; la misma carencia de escrúpulos con la que a regañadientes tuvo que aceptar la coalición con el Partido Popular y Vox para intentar llevarse el bocado de poder que buscó a cualquier precio.

Era sintomático que se hiciera ascos a una coalición de centro derecha después de haber permitido el empobrecimiento y el saqueo de los andaluces que han decidido por tercera vez dar un giro de ciento ochenta grados y dejar atrás la náusea izquierdista.

Y no será por Cs que al final se ha conseguido, cuando su patético objetivo, como el de los amortizados comunistas, era restar votos a VOX: a poco que las cifras hubiesen sido favorables en las penúltimas elecciones al susanismo y a los podemitas, gracias al traicionero Ciudadanos,  se habría reeditado el tinglado corrupto del que los andaluces han recelado con la oportunidad de las urnas.  Su extinción es más que merecida.

Hagamos memoria: llegaba la alianza PP-VOX, obligados a entenderse. Los sinvergüenzas de los consejeros del Gobierno socialista en funciones, además de la ejecutiva regional del PSOE, y cuantos habían vivido de la sopa boba provista por el cortijo andaluz durante generaciones por un montante de cuarenta años, se manifestaron ante la primera victoria con ánimo de escrache contra la investidura del popular Juanma Moreno Bonilla.

Era razonable el comportamiento sucio y el mal perder democrático del que ha hecho gala el partido obrero desde su  fundación. Los genes no se olvidan si a ellos se suma una actual voluntad totalitarista que emerge cuando se agotan los argumentos de la lid democrática.

Entonces Susana Díaz no disimulaba su rabia, sabedora de que sin los obstáculos jurídicos que facilitaba, verbigracia, la juez Núñez Bolaños, era muy posible que terminara sentándose en el banquillo de los acusados que antes han frecuentado sus antecesores Cháves y Griñán.

Porque con las tensiones propias de quienes esconden trapos sucios, aun protegidos por magistrados de la misma cuerda política, los jerifaltes de la Junta se garantizaban con la reelección que nadie fuera a husmear debajo de las alfombras que acumulan porquerías gregarias desde inmemoriales tiempos democráticos.

Así que no era extraño que cundiera el pánico a nivel nacional cuando les arrebataban un chiringuito en el que se esconden más cadáveres que los ya conocidos con los ERES, los cursos de formación, los fondos reptiles a las que sumar innúmeras estafas que la tibieza del Partido Popular ha dejado pasar, como el tinglado ideológico de la siniestra que alimenta a parásitos con carné.

La inefable Adriana Lastra ha pretendido incendiar los ánimos reeditando la ridícula «alarma antifascista» del miserable Pablo Iglesias. De producirse el «macarenazo» habría sido justificación suficiente para  incendiar las calles, con los andaluces más que avisados de las artimañas criminales del desgobierno central.
No extraña el manido, ya desgastado, modus operandi hipócrita con el que acostumbran a engañar para conseguir oscurantistas propósitos. Entonces, un desfile de justicieros consejeros fletó ciento cincuenta autobuses, previo dramático llamamiento de la sultana a la rebelión contra la amenaza, decía la cuentista, de la ultraderecha, con el fin de trasladar a la comitiva del parasitismo ante el Parlamento de Andalucía.
Los andaluces no picaron y aprendieron la lección. Había que ser muy caraduras y rastreros para reaccionar con un mal perder inédito en Andalucía durante décadas, cuando el socialismo había comprado voluntades electorales para seguir dirigiendo con trampas la Junta.
Es obligación moral ponerse en el lugar rastrero de cuantos han vivido tocándose los bajos con todo tipo de dispendios y ejerciendo una caradura con humor sureño, riéndose de los ciudadanos y convirtiendo la comunidad autónoma en un registro de pobreza emblemática; debería ser una obligación moral para calcular el verdadero perjuicio que han causado quienes protestaban por la terminación del chollo clientelar y favoritista que los ciudadanos de Andalucía han finiquitado, una vez más, con gran alivio.

Por otro lado, a propósito de suciedad y socialismo, escuchar al delictivo Zapatero mentar a los ladrones Griñán y Chaves con orgullo sonará menos a sorna cuando sus andanzas criminales, denunciadas por el Expediente Royuela, también investigado por delito fiscal, sea ejemplo de presidio para los correligionarios del crimen y la corrupción con Andalucía libre del yugo socialcomunista.

Pronto en todo el territorio, aunque cabe el pronóstico de que intenten, por las malas, agarrarse al poder que han corrompido arruinando España. El socialismo y el comunismo han colmado repugnantemente la paciencia de millones de sufridos y hartos ciudadanos que ven en Andalucía un reflejo sociopolítico por generaciones.

Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )